No al fascismo en Guatemala

La soberbia con que actúan quienes dirigen los organismos del Estado al pisotear todo enfoque democrático, la intolerancia a la crítica, así como la arbitrariedad en el ejercicio de cargos públicos y en la aplicación de ordenamientos legales, son rasgos del fascismo que hoy impera en Guatemala. Esta corriente política por demás arrogante, inhumana e insaciable está presente en diferentes partes del mundo, y en concreto en América Latina, a pesar de los estragos causados en varios momentos de la historia. Hablar del fascismo como pasado… hoy es imposible.

Fascistas aquí y allá acumulan poder y capital, prepotentes militarizan las fuerzas de seguridad pública, se respaldan en fundamentalismos religiosos, criminalizan las voces opositoras por considerarlas enemigas, utilizan cualquier medio para infundir miedo y desesperanza en la ciudadanía, hacen alarde de sus “superpoderes”. Su presencia se manifiesta en las guerras existentes, en el ascenso del armamentismo, en la voracidad de consorcios empresariales, en la existencia de mafias y traficantes, en la reproducción del patriarcado y el racismo para coartar libertades y mantener profundas desigualdades.

A pesar de los deplorables hechos ocurridos para perpetuar la impunidad y la corrupción en Guatemala, que mantienen rezagadas las demandas sociales y criminalizan a personas defensoras de derechos; que han obligado salir al exilio o estar en prisión a fiscales, jueces, activistas y periodistas; que quieren imponer aberraciones jurídicas para coartar libertades, reprimir manifestaciones de protesta y fomentar el odio entre los seres humanos; la ciudadanía en diferentes partes del país, organizados o no, está haciendo evidente su rechazo a tales medidas. 

En las manifestaciones de protesta figuran personas diversas, de diferentes edades y actividades, activistas, estudiantes, profesores y profesionales universitarios, de poblaciones urbanas y rurales; todas resistiendo, sobresalen mujeres. Hay esperanza, hay dignidad.

Esta inconformidad multifacética mostrada podría ir en aumento si se tiene en cuenta las pretensiones fascistas de los soberbios que hoy mandan en Guatemala. El descontento va más allá del Pacto de Corruptos, representado con la mayoría de diputados, junto con Alejandro Giammattei, Consuelo Porras y Silvia Valdés (presidentes de la República, del Ministerio Público y de la Corte Suprema de Justicia, respectivamente). El descontento incluye a quienes los respaldan: los poderes anónimos empresariales y del crimen organizado, junto con sus esbirros, unos desconocidos y otros visibles como la fundación que infunde terror, algunos medios de comunicación, políticos partidistas y funcionarios corruptos, abogados y jefes de iglesia inescrupulosos. Aliados todos para acumular riqueza y poder, para mantener un sistema de opresión.

Cabe resaltar las exigencias colectivas inmediatas como garantías a la libre emisión del pensamiento y a la libertad de organización, junto con demandas específicas de casos concretos, por ejemplo: Libertad para Virginia Laparra, Samari Gómez y Jose Rubén Zamora. Alto a la criminalización de jueces dignos como Miguel Ángel Gálvez y Yassmin Barrios. Ni un exilio forzado más…

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Author: Maria Suarez