Objetor de conciencia

Ejemplos claros e históricos de objetores de conciencia son Antígona, en la antigua Grecia, que desobedece al rey, dando sepultura a su hermano, y también Santo Tomás Moro, quien se negó a jurar los decretos de Enrique VIII por sus convicciones religiosas.

La objeción de conciencia es el incumplimiento de una obligación que impone un poder, por serios motivos de conciencia del sujeto que incumple. 

La convicción que hace nacer la objeción, además de seria, debe ser sincera.

¿Y en que se basan los motivos de una conciencia, para que esta pueda ser válidamente utilizada por el “rebelde”?

Se basan, por una parte, en la dignidad de la persona y por otra parte, en la libertad de pensamiento y en la libertad de culto.

Derechos, todos ellos, fundamentales, sin duda.

Lo interesante de este tema es que siempre habrá un conflicto entre un deber que se incumple y una convicción con las características antes mencionadas.

Rara vez las legislaciones regulan la objeción de conciencia, por lo que este tema se ha desarrollado “caso por caso” cada vez que se presenta.

La objeción de conciencia no es algo colectivo; es más bien un derecho individual, y no debe confundirse con la desobediencia civil (o derecho a la rebelión), esta última que tiene por objeto presionar al poder, ya sea para que adopte una legislación diferente, acorde a los clamores sociales, o para cualquier cambio de rumbo en la política con la que no se identifica el pueblo.

Hay muchos ejemplos en la historia, además de Tomás Moro y Antígona, que son realmente impresionantes y que “predican con el ejemplo” de lo que es ser consistente, auténtico y valiente. 

(Si no vio la película Hasta el último hombre —o Hacksaw Ridge por su título en inglés—, se la recomiendo, no se la pierda).  

Si no le gusta ver escenas de guerra fuertes, entonces busque en Wikipedia la historia de Desmond T. Doss. No disparó una sola bala por su objeción a portar armas y matar personas, y a cambio, salvó 75 personas de la muerte en la batalla de Okinawa.

En suma, el objetor de conciencia está dispuesto a padecer personalmente las consecuencias de su desobediencia a un mandato o a una ley, en caso no se reconozca su objeción.

Pensé mucho en este tema cuando me hice una pregunta después de saber de la detención de Jose Rubén Zamora Marroquín. ¿No será una especie nueva de objeción de conciencia, en donde Chepe, mucho más allá de no estar dispuesto a cumplir un mandato que considera incompatible con sus convicciones, en realidad lo que está es totalmente indispuesto a aceptar todo un régimen devenido del actual statu quo? Dicho de otra forma, ¿no estamos ante una eventual evolución, donde nos estamos inclinando hacia una objeción de conciencia colectiva? ¿Algo inclusive superior a la desobediencia civil?

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Author: Maria Suarez