¿Se puede renovar la clase política guatemalteca?

Todos los guatemaltecos quisiéramos mejores líderes políticos, pero en la práctica no hacemos nada para promover la participación de los que pudieran llenar nuestras expectativas. Cada cuatro años, en la mayoría de las papeletas, pero principalmente en la de segunda vuelta, no votamos a “favor” de alguien sino en contra del otro. Es tan común esa práctica que las campañas presidenciales ya no se basan en promover ideas y/o candidatos sino más bien asegurar el pase a segunda vuelta y enfrentar a alguien que tenga tanto rechazo que permita ganarle. No importa ideología, historia de vida, capacidad, etc., pareciera que en las últimas elecciones el secreto es pasar a segunda vuelta y con eso basta para elegirse. Lo malo es que esta meta tampoco ya no es tan difícil, como fue anteriormente, ya que el mínimo ha ido bajando. Para pasar a segunda vuelta en 1995 Portillo necesitó 26%, en 1999 Berger 32%, en 2003 Colom 25%, en 2007 Pérez 24%, en 2011 Baldizón 22%, en 2015 Sandra Torres 19% y en 2019 Giammattei 13.6 %. Es decir que, si la tendencia se mantiene, o peor aún se empeora, en diez meses veremos pasar a segunda vuelta presidencial a un par de candidatos que apenas superen el umbral del 15% y nuevamente será una lucha para elegir al menos “malo” y no al mejor para Guatemala. Pero el efecto expansivo también se verá reflejado en cientos de alcaldes, concejales y diputados electos a través de aproximadamente unos veinticinco partidos políticos. Como vivimos en democracia, los electos representarán a todos y los puestos públicos serán ocupados por políticos viejos, reencauchados y nuevos. Pero si como guatemaltecos los tratamos a todos por igual, sin distinguir entre las cualidades de cada uno, estamos condenados a seguir añorando una mejor clase política. Si al político que sale fiscalizando y encontrando abusos no lo distinguimos del pícaro que solo busca aprovecharse de su cargo para colocar amigos o cobrar comisiones, su desempeño bajará y al final se dará por vencido. Por qué el que hace bien su trabajo en la política tiene TODO en contra. La opinión pública no le reconoce nada de lo bueno, es más, siempre será medido bajo la suposición de que a lo mejor lo hace por algún interés personal. Otros políticos lo rechazarán porque hace visibles sus diferencias y pone en riesgo su modus operandi, entonces tratarán de convencerlo de cambiarse de bando y si no accede lo embarran con acusaciones falsas pero que como dijimos anteriormente, la opinión pública se creerá, limitando su actuar. Pero el problema más serio y que desafortunadamente es una constante, es que muchos de los peores golpes y problemas no vendrán de afuera sino de algunos de sus propios compañeros, aliados supuestamente, que al verse opacados y/o inclusive marginados por el éxito del nuevo, su reacción será “serrucharle las patas” para limitar y no permitir que a través de la renovación exista un cambio de visión en el quehacer público. Guatemala bien merece un respiro de más de lo mismo, pero cambiar la manera de elegir o cómo elegir NO será la solución. El cambio se dará cuando nosotros tratemos diferente a los electos, premiemos al que hace bien su trabajo y no callemos ante el que no lo hace.

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Author: Maria Suarez