Tiempos grises, gobierno oscuro

Soy de esa generación que fue de la guerra a la paz, vivimos muy de cerca la represión militar y el auge de las luchas populares, la impronta socialdemócrata en la vida política y creímos con honestidad, orgullo y esperanza que, con la llegada de la paz, nuestra historia oscura era cuestión de pasado. Aquello pese a la pronta traición que a los Acuerdos de Paz realizó Álvaro Arzú, utilizando la autoridad del Estado para debilitarlo: en sus capacidades institucionales, en lugar de fortalecerlo como exigían los Acuerdos de Paz, y además de haber promovido la privatización de bienes públicos.

La vida política del país rápidamente nos ha enseñado que aquello de la paz y sus propuestas no fue más que un espejismo, un señuelo para bajar el nivel de la lucha popular. Que no hay mejores condiciones de vida. Al contrario, hemos venido de más a menos. La democracia nunca terminó de nacer y estamos en acelerado retroceso. Las poblaciones rurales y urbanas pobres están cada vez más sumidas en la miseria. Lo dice la estadística oficial. Los pueblos indígenas siguen víctimas del racismo y la absoluta exclusión. Incluso de los más elementales derechos. La cuestión agraria, lejos de democratizar oportunidades, reconcentró: tierra y otros bienes naturales en quienes ya eran potentados de la tierra en la costa sur. Hay, eso sí, resquicios y ventanas. Cierto. Rendijas que los pueblos mayas han utilizado como brechas hacia la participación política. Sin embargo, las puertas siguen cerradas. Algún espacio político abrió la paz. Que ahora se cierra. De la manu militari transitamos a la mano de simio con aires dictatoriales. De políticos y funcionarios públicos con brillantez propia, hemos llegado al reino del politicastro. Todos los ámbitos de la administración funcionan gansterilmente, poseen tarifas de mordida y comisión. Los “órganos de control” devinieron en parafernalia de una democracia de merolico. Los hijos del averno volvieron y se instalaron en la cosa pública. Horda que vuelve al ejercicio de los poderes. Otra vez… camino de tinieblas.

Vivimos de nuevo entre prepotentes y poco doctos fiscales, una presidencia tragicómica, déspota y sin capacidades, se oprime al justo y premia al taimado, diputados ungidos por fariseos de megaiglesia y sacerdotes de la avaricia. Juegan a verdugos del PDH, se solazan. Ríen como las hienas. Jueces de pistola en mano. Así de oscuro el ambiente: Zamora Marroquín en la bartolina. Es así julio de tempestades y agosto atrajo sus nubes. Una brizna de ánimo: la movilización de la Asamblea Social y Popular. Aferrados al futuro.

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Author: Maria Suarez