A propósito del salario mínimo que se discute en estos días

Recientemente finalizaron las reuniones de las Comisiones Paritarias de salario agrícola, no agrícola y de exportación y maquila. Cada una hizo entrega de su propuesta y los y las trabajadoras hicieron una única propuesta de un salario mínimo (no digno, otrora fuera) de Q180.00 diarios, tomando como base el costo de la canasta básica alimentaria que, según el INE, andaba por los Q3,500.00 en agosto recién pasado. Esta propuesta no contempla el vestuario, la educación, la salud y la recreación, condiciones básicas para vivir mínimamente bien.

Ahora está en manos de la Comisión Nacional del Salario ponerse de acuerdo y decidir el nuevo monto del salario para el año 2023 y mantengo la esperanza de que los representantes de los y las trabajadoras, los señores Franky, Moisés, Julio Roberto y Santiago, titulares y suplentes, respectivamente, logren mantenerse firmes en la propuesta que llevan. Sé que la tienen difícil, sobre todo porque el sistema económico neoliberal ha hecho que muchas personas perdamos nuestra identidad de clase trabajadora, ahora convertida en población de “colaboradores” individuales que compite entre ella. Hemos perdido la memoria de las luchas de los movimientos de la clase trabajadora y los avances logrados en la segunda mitad del siglo XX. 

Las diferentes encuestas arrojan que los ingresos de más del 70 por ciento de los y las trabajadoras en este país no alcanzan el salario mínimo. Esto da pie a que la pobreza, la desnutrición crónica, la inseguridad social, entre otros problemas, sean un resultado de nuestras políticas de empleo. Es una gran población insatisfecha, que vive al día y que no le alcanza para alimentarse bien, menos aún para vestirse, educarse y recrearse. Y la población que podría ser la fuerza política de apoyo a los representantes de los y las trabajadoras están subsumidas en sus lógicas aspiracionales en estilos de vida en donde la satisfacción pasa por la ilusión de ser propietaria de un apartamento en las nuevas residencias, producto del fenómeno de gentrificación que se vive actualmente, y que alimenta su satisfacción con la estética de lo exclusivo. Una individualidad que solo se puede percibir desde la “competitividad”. La fórmula perfecta para que estos asuntos que se discuten en estos días no sean de nuestro interés y que no nos estemos pronunciando ni siquiera por las redes.

Es posible que el Gobierno, de cara a un proceso electoral viciado y fraudulento, proponga un 5 por ciento de alza al salario mínimo, ojalá nos indigne tanto y levantemos la cabeza y tengamos los ojos abiertos, que tiremos de determinados hilos históricos preguntando a los que nos precedieron en la lucha de la clase trabajadora, para que además de votar cada cuatro años, nos organicemos y salgamos a manifestar a la calle, porque como bien dice en la propuesta de los y las trabajadoras: Todo trabajador tiene derecho a devengar un salario mínimo que cubra sus necesidades materiales, espirituales y culturales y que le permita satisfacerlas, tanto a nivel personal como familiar. 

Aprovecho esta reflexión para recomendar algunas películas que pueden ayudarnos a levantarnos y abrir los ojos: Tiempos modernos; ¡Qué verde era mi valle!; Novecento; Hoy empieza todo, Dos días, una noche; La clase obrera va al paraíso, entre otras.


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Author: Maria Suarez