El peligro de la “reificación” de lo político

Algunos científicos sociales utilizan el término “reificación” para referirse al proceso por el que los efectos de una cierta situación política de poder y/o de recursos comienzan a parecer hechos objetivos inevitables sobre el mundo. Podemos hablar de judicialización, medicalización o aeroespacialización, para definir problemas sociopolíticos que, según esta concepción, podrían en teoría ser resueltos por técnicos especialistas, sean ellos jueces, médicos o ingenieros aeroespaciales, por mencionar solo algunos ejemplos.

Ivan Illich, un filósofo y científico social contestatario, de origen austríaco, prolífico autor de numerosos libros críticos de las principales instituciones sociales contemporáneas, planteó en los años setenta el preocupante fenómeno de la expropiación política y la consiguiente institucionalización y tecnificación de la salud, la educación e incluso las propias lenguas vernáculas de las poblaciones.

Por ejemplo: la reciente pandemia del COVID-19 generó numerosas disrupciones en la vida diaria de los individuos, que naturalmente produjeron respuestas fisiológicas de estrés con consecuencias corporales y médicas visibles. Así, ahora es frecuente hablar de una epidemia de problemas de salud mental, a la que habrá que enfrentar con medidas provistas por los profesionales y especialistas de la salud mental, psicólogos y psiquiatras, sin necesariamente enfrentar las condiciones sociales y económicas que la pandemia produjo en millones de personas, tales como la caída en la pobreza, el aislamiento impuesto y la soledad y la enfermedad o la muerte de conocidos o familiares. Sin duda esta epidemia no se resuelve solo con las medidas de apoyo que pueden ofrecer los profesionales.

De la misma forma, en nuestras sociedades el crimen se judicializa sin considerar las condiciones de fondo que provocan las conductas delictivas, creyendo que la solución pasa por los tribunales y las prisiones, silenciando y acallando de esta manera las circunstancias políticas y económicas que realmente causan la aparición de las tendencias antisociales. Sin duda las policías, los tribunales y las prisiones son mecanismos, más o menos eficaces, con los que la sociedad se protege temporalmente de las conductas dañinas que algunos de sus miembros exhiben. Sin embargo, hay que preguntarse hasta qué punto los delincuentes solo están respondiendo a las difíciles y/o extremas circunstancias sociales que les ha tocado vivir.

Otro ejemplo: en estos días se espera que finalmente la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de los Estados Unidos pueda lanzar el cohete Artemisa, en un viaje no tripulado, para circunnavegar la luna y así poder hacerlo con tripulación en el futuro cercano. Hemos visto que el lanzamiento de Artemisa se ha suspendido ya en varias ocasiones por fallas mecánicas. Los técnicos han tratado de corregir esas fallas, que aparecen una y otra vez, cuando el problema de fondo no es la capacidad técnica de los ingenieros, sino el proceso político que en la NASA ha determinado el programa espacial y los tiempos de retomar la aventura estadounidense de regreso a la luna; como el diseño, el financiamiento y la construcción de una complejísima máquina que fue interrumpida por cincuenta años de inactividad. En realidad, esto es resultado de un proceso político disfuncional, liderado por demócratas y republicanos, que ha hecho que la tecnología espacial de la agencia estatal americana sea anticuada e ineficiente, y por lo tanto sumamente costosa.

El no querer afrontar y diagnosticar acertadamente el origen verdadero de nuestros problemas nos lleva a buscar falsas soluciones, que creemos que los profesionales técnicos pueden aportar, cuando es claro que la verdadera solución se encuentra en nuestras decisiones de buenos ciudadanos, comprometidos políticamente con el bien común. 


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Author: Maria Suarez