En una Guatemala en donde las tragedias no se detienen, saber que el trabajo documental de una joven cineasta —de un país que atraviesa por un profundo desmantelamiento de su débil democracia en manos de sus propias élites— sea seleccionado para competir como una fuerte propuesta para iniciar el camino en la nominación para el Óscar 2023, resulta siendo un hermoso ejemplo que refleja el potencial creativo y el talento que la juventud posee a pesar de las históricas y permanentes limitaciones estatales e institucionales con las que se enfrentan los y las creadoras.
El recorrido aún es largo, pero sin importar el desenlace el nombre de Anaïs Taracena ha quedado para los anales fílmicos y creativos de Guatemala, como una muestra del poder y la fuerza que posee la memoria y la historia colectiva y personal frente a las atrocidades que se cometieron durante el conflicto armado interno y que golpearon con diversas intensidades a los todos los pueblos. Ahora a través de su trabajo titulado El silencio del topo (2021), Anaïs se enfoca en buscar las piezas en diferentes lugares, voces y vidas para armar la historia de un reconocido comunicador social, Elías Barahona y Barahona, quien logró infiltrarse con una profunda inteligencia y sagacidad a uno de los gobiernos más sanguinarios que la historia nacional registra, el del general Romeo Lucas García (1978-1982), llegando a desempeñarse como el jefe de prensa del temido Ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez Ruiz. Lograr esa posición dentro del gobierno le permitió a Barahona convertirse en un topo que buscó advertir de múltiples maneras a varias personas que estaban sentenciadas a muerte, logrando que algunos escaparan.
A muchos guatemaltecos, especialmente los jóvenes, el nombre de Elías Barahona no les dice mucho, pero Anaïs logra con excepcional magistralidad, con la ayuda de su cámara y de un comprometido equipo, ir tejiendo una historia que devela a un actor que optó, en medio de un genocidio, trabajar desde la clandestinidad y desde el silencio, como herramientas imprescindibles que le permitían modificar los finales trágicos de periodistas y otros personajes que eran determinados por los altos mandos del ejército y por las élites desde las mismísimas oficinas del Estado.
El silencio del topo ha ganado más de 10 premios en festivales internacionales de cine por ser un largometraje que muestra cómo al final de su vida Barahona en 2014, decide, en medio de su agonía, salir y hablar como testigo en el juicio por la matanza contra la Embajada de España, ejecutada por el gobierno de Lucas (1980), siendo el último acto que le permite cerrar el círculo de su profundo compromiso con su sueño de juventud de buscar construir otra Guatemala. Evidenciando, sin querer, que aun los gobiernos más represivos, sanguinarios y protegidos por los poderes externos no son infalibles.
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