Una de las amigas de Carlito era Mariana Vanzolinni, que por aquellos años trabajaba en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Sao Paulo (USP), en donde yo llegaba a estudiar y a consultar aquella formidable biblioteca. Ella siempre me tenía las novedades centroamericanas, además de ser de las pocas brasileiras que conocían Guatemala y en especial el Petén, en donde de la mano de su padre había llegado. Mariana era, yo sin saberlo, hija del famoso compositor y científico brasileiro don Paulo Vanzolinni. Fue uno de los fundadores de la Fundación para el Amparo de las Investigaciones Científicas en el Estado de Sao Paulo (FAPESP). El famoso compositor de Ronda y de otras variadas sambas paulistanas y mundialmente reconocido descubridor de innúmeros reptiles del Brasil continental. Una noche de viernes tuvimos el honor de ser invitados a escucharlo en un famoso lugar no comercial, en donde un “gaucho”, es decir, paisano de Porto Alegre, Rio Grande do Sul, recibía en su casa de Sampa a sus amigos y a algunos comensales con reservación previa. No puedo dejar de comentar que comimos carnes a vontade, al estilo rodizio, cortes en los espetos (pinchos), a la manera del sur del Brasil. Todo regado a cerveza bien fría. La música de don Paulo y sus sambas nos dejaron boquiabiertos. Los amigos como Carlito, Valquiria y Caimán eran infaltables. Muchos años después, junto a Patricia, Mariana nos llevó a la casa y estudio de su padre, en donde descubrimos la escuela de música que él había formado. Enseñaba a jóvenes músicos los secretos de la composición de los ritmos brasileiros. Era uno de los que creía ardientemente que no hay que permitir que se deje a la samba morir: “Nao deixe o samba, morrer”. Los guatemaltecos residentes en Sao Paulo tratábamos de reunirnos cuando podíamos. Fueron excepcionales los casos del odontólogo Óscar Galindo —del grupo del Chico Pinta— y Marlene Macedo de Galindo, del médico y cirujano Guido Orozco y de Roberto Escobar Sarti y de Virginia, su primera esposa, que nos recibían con cariño en sus hogares. Tanto a Óscar como a Roberto les encantaba la música y eso nos unió mucho más. En Sao Carlos, en el interior del estado de Sao Paulo, estudiaban también en la USP los ingenieros Álvaro Hugo Rodas Martini, con su esposa Patricia y su pequeña hija, y José Carlos Gil, por medio de quien conocimos a una respetable dama guatemalteca, casada con un brasileiro, doña Leticia de Pezzollo, residente en Santo André. También vivían en un edificio de apartamentos los médicos y cirujanos Carlos Hermann, Gladys Mendoza de Hermann y Carlitos, su pequeño hijo, enfrente de la Praca da Consolacao. Para entonces, en el amplísimo apartamento de Sampa, de los Posadas, na Rua Cesario Mota Junior, en el barrio de Santa Cecilia, llegaron a vivir los médicos y cirujanos Jorge Palacios y Juan Carlos —Talo— Mena y Mayita Archila de Mena. También habitan por aquel ambiente caluroso de Sao Paulo y del interior paulista la química bióloga Diana Freire, la ingeniera agrónoma Eugenia Gramajo y los también médicos y cirujanos Jorge Umaña, su esposa e hijas, y naturalmente el Dr. Jaime López Arriola. Estos dos últimos galenos vivían en Riberao Preto. Posteriormente llegarían el ingeniero agrónomo Eduardo Mendoza a Botocatu, la ingeniera Lucía Keilhauer Pearson y la dentista Sofía Callejas. En otros estados vivían y estudiaban los médicos y cirujanos Guadalupe Molina Medina, en Belo Horizonte, Minas Gerais y en Río de Janeiro, los nunca bien ponderados, Jorge Mario el Mosco Luna Calderón, de la tierra del Alma Tuneca, San Antonio Suchitepéquez, y Julio Argueta y su esposa, Ana Lucía Velásquez de Argueta, de la pujante Coatepeque.
Escuche Ronda, una de las más famosas composiciones de don Paulo Vanzolinni: https://youtu.be/YnZZmlPrkPQ.
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