Actuemos para que la dictadura no se consolide

Muchos guatemaltecos nos preguntamos por qué nuestra sociedad no logra hilvanar una resistencia efectiva en contra de la imposición de una dictadura. La respuesta empieza por reconocer que los intentos de lucha no son fructíferos debido a la tendencia ciudadana a no querer vivir de acuerdo con lo que exige la propia dignidad. Este fenómeno confirma un hecho que se ha notado desde mediados del siglo pasado: las dictaduras no solo surgen de la acción de figuras del mal, sino de una ciudadanía que se resigna a vivir en la zona gris y que, por tanto, se muestra incapaz de oponerse a los designios del poder arbitrario. Una dictadura crece a medida que la ciudadanía se degrada. 

Los hechos que confirman esta verdad no deben escaparse a nuestra vista. Es crucial, en esta dirección, comprender el declive constitucional de la sociedad. Una Constitución funciona cuando ciertos valores operan en las relaciones sociales. Ante el eclipse de la conciencia ciudadana, la Constitución no puede realizarse como tal.

Para captar este fenómeno, debemos viajar al terreno de la interioridad ética. La explicación es sencilla: los valores constitucionales, ante todo la dignidad, son referentes de la acción moral y, como tales, hacen referencia a la conciencia. Así, la supremacía constitucional no recae en una corte constitucional que, como la actual, traiciona la ética ciudadana. Cuando se viola la Constitución —pacto racional de convivencia democrática— se debe acudir a los valores constitucionales para plantear la resistencia y la desobediencia civil. 

Por lo dicho, tiene razón Fréderic Gros cuando afirma que, en nuestros días, el problema no es que la gente desobedezca, sino más bien que obedezca. ¿Por qué debemos respetar a un régimen que no respeta ni siquiera el derecho a la vida? ¿Por qué vamos a obedecer a individuos y grupos incapaces de aceptar la dignidad de los ciudadanos a los que deben servir? ¿Qué sentido tiene degradarnos para obedecer a este gobierno y sus repugnantes figuras?

La atención a los valores demuestra que es posible resistir al sistema para buscar, en última instancia, el cambio necesario. La clave reside en las decisiones personales. Frente al poder arbitrario debemos contraponer las acciones que exigen los valores: en particular, no debemos vivir bajo la mentira que nos quieren imponer. Debemos aceptar, en consecuencia, que lo que mantiene la obediencia irracional es el miedo y la indiferencia o una tranquilidad culpable.

Algunos extraviados consideran que el problema radica en que nadie obedece, en que todos quieren hacer lo que les da la gana. Apoyan, entonces, a personajes oscuros que solo pueden ofrecer la paz de los cementerios. Muchas personas adoran el orden, así sea el de la injusticia.

El miedo y la comodidad, la indiferencia y la crueldad, deben ser reconocidos como tales para salir de su embrujo denigrante. Es necesario que como ciudadanos nos guiemos por el valor para enfrentar el poder de la corrupción. Cuando desobedecemos a la dictadura afirmamos nuestra humanidad. Por esta razón, decía María Zambrano que una democracia no solo permite, sino que también exige el ser persona.

La solución para nuestra crisis política exige asumir las responsabilidades que nos corresponden y no dejar que se consolide esta dictadura del latrocinio. Cada persona puede saber qué puede hacer para que esta desobediencia se concretice en actos que hagan tambalear a un sistema tan despreciable. Vivimos un silencio que será más doloroso a medida que comprendamos que muchos de los problemas que nos atosigan son producto de nuestra propia apatía ciudadana, esa que se ahoga por su inveterada costumbre de “no meterse en problemas”. Nuestra irresponsabilidad tendrá que ser pagada con el dolor de las futuras generaciones.


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Author: Maria Suarez