Me pregunto yo si tan sacrosanta es la propiedad privada, ¿por qué tenemos tan baja nota en el índice internacional de derechos de propiedad? Y es que dicen diversos ideólogos afines al establishment que el guatemalteco por razones históricas es conservador y reacio a temas que promuevan una discusión de la propiedad privada en función social, incluso tal y como ello está plasmado en la propia Constitución Política.
Una nota de Agustín Ortiz de Prensa Libre (9 de septiembre) apenas si ha tenido eco en los medios, y menos aún en los círculos encopetados de la gran propiedad corporativa, y de seguro se hablará tímidamente en los grandes bufetes de postín que dicen ser garantes de las marcas, patentes y demás parafernalia. La nota de Ortiz lleva el dramático título: Bajas notas en derechos de propiedad: Guatemala obtuvo 4.02 de 10 puntos en respeto a la propiedad privada física e individual. ¡Qué tal!
El mentado índice lo confecciona y publica la Property Rights Alliance. Está basada en Washington D. C. y tiene toda la filosofía de Hernando de Soto, un economista y político peruano, presidente del Instituto Libertad y Democracia, un tanque de pensamiento enfocado al desarrollo económico desde el punto de vista neoliberal. Y que conste que esa etiqueta de neoliberal se menciona en diversas informaciones tipo Wikipedia, que definen las intenciones del tal instituto que ha venido endulzando el paladar de las cámaras empresariales y de la cooperación técnica y financiera, con soluciones a la pobreza simples y de apego al emprendedurismo.
El índice considera tres grandes variables: i) entorno legal y político; ii) los derechos físicos de propiedad; iii) la propiedad intelectual. Cuatro subvariables resultan ser cruciales, y nos africanizan: independencia judicial, Estado de derecho (Rule of Law), estabilidad política, control de la corrupción.
Así, nos encontramos en el puesto 104 muy cerca de Zambia, Burundi, Costa de Marfil, Gabón y Líbano. Y además, más cerca de Nicaragua y Venezuela que de Chile o Uruguay, e incluso de naciones caribeñas, que bien sabemos que son especialistas en conformar paraísos fiscales.
Me pregunto yo qué dirán en las universidades también de postín, en donde Hernando de Soto, Milton Friedman y demás ideólogos se idolatran en monumentos; y son la inspiración de programas educativos en Business Administration, Marketing, y no digamos el Derecho Corporativo, el financiero y el mercantil.
Lo cierto es que esa palabra anglosajona Rule of Law, o Estado de derecho es la que viene causando mucho dolor de cabeza, en virtud de que está vinculada de buena manera a la independencia de poderes, que forma parte de la economía institucional, de la que se desprenden los más variados marcos teóricos, pero a la vez también esfuerzos de la cooperación internacional. Diversos programas de cooperación del mundo desarrollado abogan por los temas de seguridad y justicia, bajo los lineamientos que han forjado el desarrollo de las modernas democracias occidentales, pero como aquellas abejas africanizadas, en el medio se ha venido deformando el proceso económico y político que surgió de la democracia y la paz.