Chile, sí a la nueva Constitución

Luego del referéndum sobre un proyecto de Constitución que no tuvo el apoyo mayoritario, hay varios temas que se deben colocar en la mesa. El primero de ellos es que hace apenas un año tuvo lugar una consulta que terminó con el 80 por ciento de aprobación para una nueva Constitución. El proceso dio inicio y se fue a la elección de los constituyentes, se elaboró una Constitución y la misma no tuvo el consenso de la mayoría de los chilenos. Esto dio lugar a una campaña casi histérica, en donde el resultado de la votación sobre la nueva Constitución se convirtió en la derrota absoluta de la izquierda chilena, o de los intentos de cambio en la nueva Constitución. La conclusión de todas las derechas fue: no más cambios, que todo siga igual. 

Sin embargo, el plebiscito de hace un año que obligaba a una nueva Constitución sigue vigente y por ello ahora los partidos políticos de ese país se dan a la tarea de reiniciar el proceso para redactar un proyecto que tenga el aval de la sociedad chilena. Se trata ahora de corregir algunos errores producto del entusiasmo y de cierto radicalismo, para dar paso a una Constitución que supera aquella heredada del dictador Pinochet, que, con todo y sus reformas, amerita ser modificada, o mejor, reemplazada por una nueva. 

Apenas hace dos días, los partidos políticos chilenos, en una muestra de madurez democrática, se reunieron y llegaron a una conclusión: hace falta encontrar la ruta para cambiar la Constitución de acuerdo con el mandato de las urnas. Este anuncio no ha sido analizado en nuestro medio, pero lo más grave es que siguen dando rienda a suelta a todas sus fobias. El tema de las equidades les parece inadmisible, los derechos indígenas les provoca espanto, la gratuidad de la educación y la salud les da escalofríos. En resumen, todo lo que huela a superar el neoliberalismo de manera constitucional les parece inadmisible. Pero los chilenos dicen otra cosa. 

Ahora el gran tema es cómo hacer de estos acuerdos de nueva Constitución algo que pueda ser producto de un consenso y viable en el ámbito de la técnica jurídica y constitucional. En este terreno, parecería que hay por lo menos dos puntos que no se pueden dejar pasar de lado. Uno, acaso el más importante, es que los chilenos quieren una Constitución que supere la de Pinochet, que aun con sus reformas tiene el pecado original. El resultado de la consulta con el no apruebo es algo que ya es parte del recuerdo. 

El segundo tema es que el gobierno encabezado por Gabriel Boric junto con los partidos políticos están de acuerdo en retomar la ruta para el cambio de la Constitución para desterrar del imaginario del país entero el síndrome Pinochet. Y finalmente una idea fuerza: no todos los temas del país pasan por la reforma de la Constitución, y por ello el bienestar y la paz en Chile se pueden y deben impulsar desde el gobierno central que hoy dirige Boric. 

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Author: Maria Suarez