Me veía caminar cuando yo regresaba con la masa recién molida. Me ofreció regalarme la masa, para que me estuviera con él, en vez de ir al molino. Hasta que un día, mi vientre comenzó a cambiar y sentía náuseas. Lo busqué y dijo que ese era mi problema. Quise arreglar el problema, pero me asusté cuando me tragué la pastilla de curar maíz, así que la escupí. Cuando le grité que no me dejará, fue la última vez que pude decir alguna palabra.