Antropoceno, sustentabilidad o extinción humana

Ese es el título de la gran obra de Luis Alberto Padilla (en venta en Sophos), multidisciplinaria y mejor que la de Yuval Noah Harari, donde plantea los grandes desafíos para evitar nuestra extinción por culpa nuestra, o, mejor dicho, por el capitalismo salvaje que se inició con la Revolución Industrial hace dos siglos y que manipula los recursos naturales al gusto de la ganancia al punto que estamos sangrando al organismo vivo que es la tierra. Pero no solo por ello vamos camino a la extinción como especie sino que podríamos acelerar el proceso con una guerra nuclear que ha sido la pesadilla del mundo desde 1945 cuando se detonó la primera bomba atómica. Podría pensarse que luego de la derrota en Afganistán los analistas estadounidenses estarían ahora meditando sobre cómo hacer por el bien común de la humanidad y nuestro planeta pero no: por un lado está la tensión en Ucrania tras la invasión rusa de este años y donde la ocupación rusa de una gran central nuclear ahora provoca escalofríos por los disparos allí producidos en su edificio que, de continuar, podrían provocar algo peor que Chernobyl. Además, Putin ha puesto en alerta roja sus ojivas nucleares contra Occidente. Por otro lado, Estados Unidos está creando un ambiente propicio para una guerra nuclear contra China, tan preocupante como lo anterior. Desde 2001 las guerras en las que Estados Unidos ha participado al presente han dejado casi un millón de muertes con 38 millones de desplazados, y gastado US$8 trillones con resultados desastrosos. Sin embargo, van a repetir los mismos errores que los que cometió en Iraq, Vietnam… Washington aún no se pregunta por los costos humanos, los beneficios y cómo terminará una eventual guerra con China. Jerry Brown en su artículo Washington’s Crackpot Realism, en el New York Times, muestra que hay intereses del complejo militar-industrial estadounidense por acabar con China (como Allen Dulles quería hacerlo con Moscú en la CIA en los años cincuenta). Brown señala que Aldrige Colby, asesor de quien fue secretario de Defensa Jim Mattis, recomendó dar cohetes nucleares a Corea del Sur, Japón, Taiwán… y usarlos para terminar de un solo golpe con la amenaza china antes que se convierta en hegemónica en Asia. Tal amenaza los medios la han difundido y casi la mitad de los estadounidenses creen en ella, sin medir las consecuencias de un holocausto nuclear.

Por fortuna está la postura de Rush Doshi, actual director para China del gobierno de Baiden, quien desde sus cargos académicos anteriores señaló que desde hace décadas China ha tenido la determinación de convertirse en el nuevo hegemon no solo de Asia sino del mundo. Pero están los halcones como el almirante Philip Davidson del Comando Indo-Pacífico, que señaló que China podría invadir Taiwán en los próximos seis años y desplazar a Estados Unidos. Eso fue bien oído por el complejo militar industrial con superganancias por los pedidos de armamento de la OTAN tras la invasión rusa en Ucrania.

Todas estas alarmas de guerra han hecho perder el horizonte para cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU de cuidar el bien común de la humanidad y detener la vorágine del Antropoceno, donde el hombre actúa para su propia extinción, si no por la vía de la guerra nuclear, sí por la vía de destruir cada vez más las fuentes de vida y de las especies, como bien nos dice Luis Alberto Padilla en su gran obra. Él expresa que aún es posible detener la crisis ambiental si el capitalismo asume su responsabilidad y cambia su modus destructivo por otro que tome en serio su responsabilidad con la vida, la paz y el bien de todos, mientras la tierra se defiende y nos lanza catástrofes más espeluznantes.

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Author: Maria Suarez