Aquí, la vida languidece

El engaño más grande que los políticos han hecho a los guatemaltecos ha sido hacer creer que los Acuerdos de Paz, firmados en 1996, iban a aceptarlos como una guía de apoyo gubernamental, con suficientes lineamientos para acentuar la convivencia democrática. Su fin primordial y el desperdicio en viajes  y millones invertidos, serían la integración, prosperidad y desarrollo de Guatemala. No fue así. Los Acuerdos fueron muy poco utilizados, desde Arzú hasta el presente. Sus incisos estructurales puestos de lado, por temor o por engaño. Hoy,  permanecen enmohecidos en los viejos archivos burocráticos.

 Visualizar una serpiente que zigzaguea para al final morderse la cola, es la imagen representativa de la situación en que los juegos, abusos y corrupción de los diferentes grupos  gobernantes han regresado al país al atraso, la falta de oportunidades y como resultado, las masivas huidas de los jóvenes que todavía tiene fe en que, en otros países, se puede conquistar un futuro diferente. Se capta el menosprecio de la vida humana, no se diga el generoso descalabro de la naturaleza.

El general pillaje de los sucesivos grupos de saqueadores, corruptos, insaciables que en un lapso de 26 años, con sus voraces actuaciones, han dejado a los guatemaltecos despojados de cualquier aspiración a mejores formas de vida  precipitadamente a 18 millones de expoliados con todo y sus legales derechos. 

Acaso, ¿una percepción personal? Radicalmente no. De acuerdo con el índice de Desarrollo Humano de 2020, el más reciente, entre 189 países Guatemala ocupa el 127 lugar que, en lugar de subir a otra categoría ha bajado a más subdesarrollo. Se trata de situaciones reales que se experimentan en el diario vivir y se sufren las consecuencias del fatal abandono de una sociedad condenada por los políticos a llevar a sus espaldas el sufrimiento y la muerte consecuentes.

Vivir para contarlo. No son denuncias, son realidades: solamente el 40 por ciento de la población está vacunada contra el COVID-19 con las tres dosis. El sistema educativo, en dos años, no se ha estabilizado, miles de niños abandonan la escuela para ir a trabajar. Uno de cada dos niños sufre de desnutrición crónica. Sin ninguna vergüenza se dice que la economía crece gracias a las remesas de los emigrantes, pero ningún gobernante admite que huyen del país desesperados por la pobreza. Se protegen los intereses de las empresas transportistas, no el viacrucis que se vive diariamente para transportarse. Se abusa en los precios de las medicinas y no hay autoridad que proteja al pueblo enfermo. La criminalidad y la delincuencia se desbordan a extremos. El valor de la vida de un  guatemalteco y su menoscabo a ningún seudopolítico le importa. El precio es pagar con el menoscabo diario de su precaria vida. La peste que transmuta en sibaritas a los seres más despreciables de esta extraña sociedad es la que se expande.

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Author: Maria Suarez