Días de la Independencia: 1821 (I parte)

El 14 de septiembre muy de mañana Mariano Aycinena en el Palacio llenó de halagos al Jefe político y militar interino, Gaínza, y le dijo: “Resulta brigadier que las noticias llegadas de Nueva España han puesto muy excitado al pueblo y a todos los pobladores del istmo, pues la separación del virreinato con Madrid dejará muy débil e inseguro este reino, por lo que sería conveniente y propicio proclamar la independencia como lo declaró Iturbide en julio en Nueva España. Además, estimado brigadier, acá no se requerirá de cambio de ningún funcionario ya que usted como jefe que es así seguirá: en vez de ser un empleado dependiente de España, será el director de un pueblo libre de este Reino de Guatemala”. A lo que Gaínza le respondió que no creía que el pueblo la solicitara, “pues más bien algunos en esta capital me han dicho que han sido obligados a la fuerza a firmar solicitudes para apoyar esa idea en contra de su voluntad”, lo que era una media verdad, como lo era la propaganda de pasquines pagada por los Aycinena. Pero Mariano, lleno de labia, le ofreció otras prerrogativas y seguridades al español que, al final, lo hicieron aceptar romper los lazos con España liberal, pues sus autoridades eliminarían el monopolio comercial de la élite criolla y Gaíza quizás perdería su empleo con los cambios. Mariano le prometió que continuaría en su cargo junto a sus altos funcionarios, pese a que hace unos días había ordenado a los jefes militares jurar su lealtad a España. Gaínza consultó con el fiscal José C. del Valle tal propuesta y replicó en sentido contrario pues el asunto era de suma trascendencia y, conociendo a los criollos, se pelearían como gatos y perros por el poder y los cargos. Pero el jefe interino de la colonia lo confortó, puesto que él seguiría al mando con la misma administración, salvo cortar el cordón umbilical de Guatemala con Madrid. Y le pidió que escribiera un proyecto de declaración de independencia lo más razonable posible porque la presión para declararla era grande. A mediodía Molina recibió al joven e impetuoso Mariano y a su hermano, el inflado marqués, quienes le entregaron entusiasmados la invitación para asistir al debate público sobre la independencia mañana a primera hora. El médico Molina les dice que circularía la invitación a otros. Se despidieron y siguieron sus visitas a altos funcionarios españoles para instarlos a llegar a esa sesión. Molina fue a casa de Barrundia y los dos corrieron la voz al leerles el contenido de esa invitación a los notables firmada por Gaínza que decía:

“He dispuesto que el Ilustrísimo señor Arzobispo, y dos individuos del venerable Cabildo Eclesiástico, por ausencia del señor Regente, dos de los señores ministros de la Audiencia territorial, el Primer Alcalde, dos regidores y dos síndicos del Ayuntamiento constitucional, dos individuos de las Corporaciones, el Primer Jefe o Comandante de cada cuerpo militar de esta guarnición, el señor Auditor de Guerra, el Protomédico, un Prelado de cada Orden de los Padres curas de la ciudad y los Secretarios del Gobierno y Diputación Provincial, se reunirán el día de mañana 15 a las ocho de ella, en el Salón de Palacio, por lo tanto espero que ustedes no faltarán a la hora señalada a fin de que auxilien con sus luces, y, de quedar enterados, espero el correspondiente aviso. Palacio de los Capitanes de Guatemala, 14 de septiembre de 1821”. Con la invitación en sus manos Molina y Barrundia se reunieron con Mariano y acordaron llevar gente de los barrios de artesanos y comerciantes minoristas mañana en la Plaza de Armas, por lo que mandaron a los pregones nocturnos para llamar a que todos asistieran. Don Pedro le pidió a su esposa Dolores que comprara cohetillos y contratara a una marimba a poner mañana frente al Palacio. Y fueron de noche a tocar las puertas de casas del barrio de Candelaria para que la gente asistiera al Palacio mañana 15.

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Author: Maria Suarez