“Fratelli, ma non tutti”

Hace casi dos años el papa Francisco I publicó la encíclica Fratelli Tutti (que literalmente significa Hermanos Todos), en donde atinadamente observa cómo la respuesta global a la pandemia no fue solidaria (lo cual este autor considera que es una muestra más de la muerte del sistema liberal internacional), pero también hace una crítica sustancialmente política hacia gobiernos de corte liberal y a los populismos. Pero la esencia de la misma apela al concepto del prójimo y el buen samaritano y afirma como gran inspiración de la misma la Declaración de Abu Dhabi que lo llevó a “una gran reflexión hecha en diálogo y compromiso conjunto”. Y de ahí el corazón de la encíclica que resalta: “En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan… (la búsqueda de la paz), parece ser una utopía de otras épocas reemplazada por una indiferencia globalizada”. Los culpables de esto, según Francisco I, son el aislacionismo, el nacionalismo, la globalización económica y el individualismo. Pero vaya si las acciones, o la ausencia de estas, pesan mucho más que la palabra escrita o hablada.

El pasado 19 de agosto, antes del cantar del gallo, la policía de Nicaragua ingresó al Palacio Episcopal de la Diócesis de Matagalpa y arrestó con fuerza al obispo Rolando Álvarez y siete de sus colaboradores. La justificación del régimen más deplorable e inmundo en las Américas, que ya en definitiva superó a sus pares cubanos y venezolanos, fue que Álvarez organizaba grupos violentos para realizar actos de odio contra la población. La pareja de dictadorzuelos de Ortega y Murillo deben verse en el espejo, obviamente roto por semejante imagen de esperpentos, para acusar a sus opositores por los crímenes que ellos cometen a diario en aquel país. Estudiantes, intelectuales, excolaboradores, sandinistas, liberales, conservadores, gente trabajadora y honesta y ahora hombres de sotana se suman a la lista de enemigos mortales del régimen de dos personas sonoramente ignorantes, totalmente cobardes y peligrosamente violentas. 

Después de estas acciones, que no son las primeras pero sí las más violentas en contra de miembros de la Iglesia católica en Nicaragua, el papa Francisco I reaccionó primero con silencio y después expresó preocupación sin condenar con precisión la detención del obispo Álvarez. Preocupación por la situación en Nicaragua la expresamos muchos columnistas, líderes políticos y de opinión, incluido este autor, hace 12 años. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que la situación de Nicaragua va mucho más allá de una cuestión de preocupación. Ah, pero “la pertenencia a una misma humanidad se debilita… por una indiferencia globalizada”. Parece que somos Hermanos, pero no todos como lo muestran las acciones del Papa. Habrá quienes pueden justificar esto como la diplomacia de quien es el líder de la fe católica, pero quienes argumentan esto olvidan o ignoran que Francisco I es también el Jefe de Estado del Estado Vaticano, lo que implica un rol político centrado en promover los intereses de dicho Estado, que fundamentalmente deben ser los intereses de sus súbditos así como de los fieles… pero en el caso de los líderes religiosos de Nicaragua la encíclica no aplica. 

Con el respeto que se merece el Papa, mi crítica no es solo como católico sino más como crítico de los autoritarismos y las dictaduras independientemente de ideología, género y posición geográfica: todos al mismo costal y al tacho de la basura. Pero parecen más hermanos Ortega y Murillo que los obispos y colaboradores de una Iglesia regida tanto en fe como políticamente por el Papa y eso me avergüenza. Alguien debe recordarle al Papa que al asumir el Papado y precisamente cambiar su nombre dejó de ser Jorge Mario Bergoglio, que a estas alturas al mundo ya le ha quedado muy clara su posición ideológica y los prejuicios que esta conlleva, pero como Papa y Jefe de Estado debe asumir el liderazgo del cargo. Cuando el terror tiene nombre y apellido y dos rostros, muy feos de paso, se les debe señalar y por encima de todo condenarlos. Recordemos las palabras de Desmond Tutu, arzobispo anglicano en Sudáfrica y crítico del apartheid, quien dijo: “Si eres neutral en situaciones de injusticia has elegido el lado del opresor”. Ojalá el papa Francisco I reflexione sobre esto y sus palabras y que actúe como corresponde. 

@robertoantoniow

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Author: Maria Suarez