Mañana domingo más de 15 millones de mujeres y hombres chilenos irán a las urnas para decidir el apruebo o no de la Constitución que han construido. Ellas y ellos tendrán en sus manos la posibilidad de enterrar el ciclo económico que les impuso el general Augusto Pinochet a sangre y fuego. Y no es fácil dado que se trata de empezar a desarticular el modelo neoliberal que fue impuesto a base de políticas dictatoriales que, 49 años después, han mostrado que solo beneficiaron al 5 por ciento de la población, que logró concentrar el 45 por ciento de la riqueza, a base de empobrecer a más del 50 por ciento de la población que quedó sin acceso a servicios esenciales. O sea, se juega todo para ambas partes. Tanto para quienes buscan una Constitución que refleje un rostro acorde a la realidad social, como para los que pelean porque la maquinaria que les ha permitido acumular una riqueza indiscriminada, no sea frenada.
Las y los chilenos conscientes, junto a los pueblos indígenas —quienes no han dejado de enfrentar una represión legal— saben que va a ser difícil lograr otra oportunidad como esta. Por eso, la derecha y la ultraderecha han cerrado filas y han usado todos los recursos mediáticos y políticos para evitar el apruebo. Pueda ser que, como un escenario hipotético, de ganar el rechazo a la Constitución, como argumenta la derecha y sus encuestas, se inicie un nuevo ciclo de protestas y polarización social, que se agudizará en los centros urbanos.
Dada la explosión social de los últimos años, podría pensarse que la población adolescente y las juventudes, entre estudiantes y profesionales jóvenes, no van a quedarse impávidos e indiferentes a un posible resultado desfavorable, porque les impediría un cambio de Estado. Un NO reactivaría con seguridad al movimiento social y estudiantil que se inició en el 2011 —de donde el actual presidente Gabriel Boric y sus funcionarios cercanos provienen— y que desencadenó las fuertes protestas estudiantiles y ciudadanas del 2019.
La derecha busca que gane el no, porque eso dificultaría la legitimidad y representatividad de Boric, pero sobre todo porque les facilitaría crear ingobernabilidad. Además, la derecha de todas las tendencias atacaría al gobierno frontalmente y lo podría boicotear en el Congreso y generar un gobierno inviable a mediano plazo.
En el otro escenario hay que tomar en cuenta al 15 por ciento de mujeres y hombres que están en la posición de indecisos, incluyendo a quienes viviendo en el extranjero llegarán a votar, quienes, junto a la fuerza de los pueblos indígenas, que desean despojarse del neocolonialismo en donde se les ha obligado a vivir, podrían enterrar las encuestas de la derecha.
Nada está escrito. Lo cierto es que cualquiera que sea el resultado generará la abstención o la participación de todos los pueblos y sectores de ese país.