Es hoy

Ya en muchos hogares, bares, restaurantes y hasta en autos han desenfundado la gloriosa bandera azul y blanco para que airee arrogante, incauta entre los leves vientos de una supuesta independencia. La verdad es que septiembre siempre debería de ser un buen pretexto para replantear nuestro sentido de Nación. ¿Lo tenemos?

La conmemoración de la independencia podría dar un buen jalón de orejas que nos obligue tanto a echar una buena mirada hacia la historia, como a advertir lo que se avizora. Dejar de hacer el típico mercadito en la plaza del colegio y el “vengan vestidos de típico”. 

Ya toca abrir espacios para la reflexión y obligarnos a plantear preguntas cruciales: ¿Por qué nos hemos quedado atrás frente a países que vivieron condiciones similares de voraz colonialismo? ¿Por qué no logramos construir una nación sólida en estos más de 200 años de supuesta “independencia”? Conmemorar quiere decir “recordar con”, es memoria conjunta, colectiva y a eso deberíamos de abocarnos. Pero la Magdalena no está para tafetanes. Estamos en un embudo que condensa la tragedia cotidiana. Vivimos los bien logrados esfuerzos por apagar la palabra “denuncia”, más pobreza, más hambre, violencia, corrupción desbocada, burla, nefasta cooptación, impunidad y servicios nulos ante tanta necesidad. 

La historia hay que contarla; para que una nación exista, es necesario un relato sobre los orígenes, valores y principios que fundamentan su cohesión. Si no se cuenta, no construye una imagen que le permita hacerse. Y nosotros no terminamos de hacernos ni hemos tenido el valor de contarnos. No pasamos de propagandas absurdas de falsos imaginarios.

Otros países comenzaron hace más de 200 años a construir su propio imaginario nacional. Para independizarse debieron dibujar su propia imagen, asumir compromisos que, al parecer, nosotros no hemos terminado de entender: un Estado de derecho y los derechos humanos; construir una modernidad sobre la base de valores propios; el combate frontal a la corrupción y crimen organizado. Garantizar la libertad de expresión como no negociable bastión. Velar por el acceso a la sociedad de la información con criterios de pertinencia y relevancia; configurar una idea de nación donde quepamos todos, todas; valorar el pensamiento crítico, propio, como proyecto emancipatorio de formas soterradas del colonialismo. Eso entre muchas otras que ya parecen cantaleta. 

Sería absurdo imaginar cada septiembre como época en que pueden desatarse todos los nudos del porvenir. Más aún, “festejarlo” con actos superficiales y militarizados frente a la penuria que enfrentamos. Hora de planificar la refundación de un Estado que hoy está en ruinas; que parta de la profunda pluralidad, que logre forjar una cultura cívica y una relectura de nuestra historia para impulsar pensamiento innovador con un modelo innovador. Resolver en conjunto no solo el pasado nefasto, sino un futuro incluyente y alentador. Y como todo es el aquí y el ahora, pues resolver eso, el hoy.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez