Una lección del plebiscito chileno que este domingo rechazó la nueva constitución propuesta es que la democracia es capaz de resolver serios problemas políticos y sociales. El ejercicio democrático que presenciamos el domingo fue parte de un proceso intenso, inédito e imprevisto de participación y de aprendizaje colectivo.
La frustración de amplios sectores chilenos con su situación social y económica quedó al descubierto con el violento estallido social del 2019, que se contuvo con la propuesta de reemplazar la vieja constitución por una nueva para salir de la crisis. Esta propuesta fue aprobada por una decisión abrumadoramente mayoritaria en un plebiscito en octubre del 2020.
Pero este domingo, con un 86 por ciento de participación de los ciudadanos, y con base en un proceso electoral impecable, el pueblo chileno evitó que una propuesta constitucional maximalista, apoyada por un sector minoritario influenciado por el estallido social del 2019, se impusiera sobre la mayoría. El ejercicio democrático puso en evidencia el poco apoyo real de la propuesta y evitó excesos.
El rechazo de este domingo abrió la puerta para superar la polarización que surgió después del estallido social del 2019: es la segunda lección. Se vislumbra una solución moderada. Aquellos que apoyaron el rechazo mantienen el compromiso de aprobar una nueva constitución para reemplazar la que fue impuesta por la dictadura militar. La propia derecha chilena acepta que se robustezca el reconocimiento de los derechos sociales en la nueva constitución, y es probable que el papel del Estado se fortalezca.
Y aunque el resultado electoral representa un costo político inmediato para el presidente Boric, puesto que su gobierno apoyó la aprobación de la constitución rechazada, esta derrota lo obliga a abrir espacios de diálogo sin que sea rehén del equipo maximalista que favoreció la propuesta derrotada. Los cambios de su equipo de gobierno ya lo anuncian.
Una tercera lección es que la democracia en Chile abrió el espacio para que se reconstituyera la centroizquierda y la centroderecha, debilitadas después del estallido social del 2019. En particular, la centroizquierda, representada por partidos, organizaciones y personalidades democratacristianas, socialdemócratas y socialistas, rechazó la nueva propuesta constitucional: su aporte fue decisivo para que el rechazo triunfara. Probablemente explique por qué sectores populares, incluyendo minorías étnicas, votaran mayoritariamente en contra de la propuesta.
Finalmente, es posible que haya existido cierto voto de castigo al gobierno de Boric, pero más importante parece la presencia hegemónica de representantes independientes o de organizaciones con una propensión vanguardista y maximalista en la asamblea constituyente, poco articulados con el conjunto de la ciudadanía. Su propuesta resultó divorciada de los intereses de la gran mayoría de electores, y lo puso en evidencia su categórico rechazo.