Cuando nació el ginecólogo apesadumbrado le dijo al padre: “No pude evitarlo… ¡sobrevivirá!”.
Como era prematuro e impresentable lo metieron en una incubadora con los vidrios polarizados.
Su padre, que era agente viajero de artículos infantiles, llevaba para enseñar la fotografía del bebé más bello del año publicada en la revista Baby, con tal ello de no enseñar la de su propio hijo y eventualmente perder clientela.
El niño se dio cuenta de que no lo querían en casa, ya que le regalaban para que jugara en la tina de baño todo tipo de juguetes eléctricos.
Y sucedió que un día que se perdió o lo dejaron perderse en el mall y que el niño le pidió ayuda a un policía para poder hallar a sus padres, al preguntarle al agente si creía que iban a encontrarlos, este contestó: “No lo sé. ¡Hay tantos lugares donde pueden esconderse!”.
Aconteció un día que lo secuestraron y los delicuentes enviaron a los padres un dedo cortado para pedir el rescate. La madre les contestó que requería le enviaran más pruebas de su supervivencia.
Y llegó la edad del romance y pretendió a una chica pidiéndole una cita. Ella le dijo que llegara a su casa, que no habría nadie… Cuando nuestro protagonista llegó a la cita en efecto no había nadie y la puerta de la casa estaba cerrada a piedra y lodo. Y no es caso único.
Finalmente y habiendo sido aceptado en las fuerzas armadas nacionales, tuvo que pasar una prueba sicológica. El siquiatra concluyó que además de feo estaba loco.
A pesar de todo ingresó y siendo destrabado intentó suicidarse al no soportar las novatadas, lanzándose del último piso de la escuela militar. Llegó su sargento inmediato superior para disuadirlo de lanzarse al vacío y le ordenó que diera un paso al frente. Siendo rebelde además de feo desoyó la orden y dio un paso atrás evitando así la caída.
Ello le permitió con el pasar del tiempo, extrañeza del destino, y a pesar de ser feo y loco —o quizás por esas mismas razones— llegar a ser Presidente de la República y pretender serlo por varios periodos más, aunque nunca lo lograse… ¿Podrán los lectores ponerle nombre y apellido a tan común personaje latinoamericano?
Y fue entonces cuando NL, al leer lo que antecede, decidió enviarle a Casandra algunas líneas atribuidas a Gabo García Márquez:
“Lo que más me gusta de ti es la seriedad con que escribes disparates”.