Guatemala, del Barroco a la cultura del desastre

Guatemala se hunde por la incapacidad que han mostrado los gobiernos “democráticos” iniciados desde 1985 hasta el actual. Fui testigo del descalabro del gobierno de Vinicio Cerezo cuando llegué de número dos a Segeplán bajo la presidencia de Jorge Serrano y donde me quedé un tiempo con Ramiro de León Carpio para implementar el Plan Nacional de Desarrollo, con el aval de Fernando Fuentes Mohr, sobre la base del elaborado por Gert Rosenthal en los setenta, más un listado de obras de preinversión y de inversión nacional. Cuando Ramiro recibió el aviso de un magnate de destruir la planificación yo renuncié. Álvaro Arzú hizo algún intento por ponerlo en práctica, pero se quedó en el aire hasta la fecha. Los esfuerzos del Infom por motivar la planificación municipal se esfumaron con la corrupción cuando las municipalidades hicieron piñata los fondos que por ley debían recibir, y así se descentralizó la corrupción que antes era de la capital. El país siguió sometido a los intereses de los magnates que financiaban las campañas, aunque luego los mismos políticos corruptos y los narcos tuvieron participación. Nuestro Estado tuvo un presupuesto cada vez más grande para beneficiar a la burocracia inútil de allegados de políticos en el poder y el profesionalismo se deterioró al punto que el Estado se volvió un lastre mayor en los ministerios, municipalidades y entes descentralizados, al servicio de los que saquean el erario público, desde la cabeza del Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en una red de corrupción que supera la imaginación y el país retrocedió en todos los órdenes por ese síndrome que campea con los jinetes del apocalipsis, en descuido del mantenimiento mínimo de nuestra infraestructura básica de carreteras, puentes, colectores de aguas residuales sin mantenimiento que no resisten el empuje de la población y los vehículos, en un país que tiene hijos como los conejos, sin ninguna campaña para educar a las mujeres a la planificación familiar, sin otra para limpiar ríos, lagos, calles, en un basurero-país. En lugar de planificación hay descuido, irresponsabilidad de los políticos criminales que descuidan a la población a la que por mandato constitucional deberían proteger. Por jurar y no cumplir tal mandato deberían ser procesados por traición Portillo, Colom, Pérez, Jimmy, Giamma. Un día Arzú dijo que no se podía hacer un Distrito Metropolitano porque los alcaldes del departamento de Guatemala se opondrían. No hacerlo fue descabellado, pues los iletrados alcaldes de Chinautla, Fraijanes, San José Pinula, Santa Catarina Pinula, San Juan… fueron saqueadores e ignorantes para trazar planes de futuro. Edgar Alfredo Balsells en este diario reseñó: “Cuando a don Álvaro Arzú y su mano derecha Fritz García Gallont se les ocurrió desmantelar el Ministerio de Comunicaciones comenzó esta debacle y mediocridad constructora. García Gallont pulverizó la obra pública a través de una gran cantidad de sociedades anónimas de fachada que tienen a ingenieros como firmantes de planos, al estilo de como operan las droguerías del país que abastecen al IGSS y al ministerio del ramo, es decir con comerciantes que contratan la firma de algún farmacéutico por allí”. El descalabro sigue en salud, educación, ambiente, deporte, religión, trabajo…

En Guatemala en la Colonia prevaleció la cultura barroca y su estilo modeló la arquitectura de Antigua Guatemala y de la Nueva Guatemala de la Asunción, el arte y las expresiones de vida de las ciudades y pueblos y fue parte de nuestra identidad. Esto terminó con el régimen liberal de Barrios a Ubico por la explotación masiva del campesinado cada vez con menos tierras. Luego se dio la cultura social de Arévalo. Estados Unidos, tras derribar a Árbenz, impuso en 1957 la creación de Segeplán y el Cacif para darle cierta coherencia a la integración centroamericana que hizo crecer a la clase media y obrera, con un crecimiento económico del 6 por ciento de 1960 a 1979. Ahora pesa sobre el pueblo la cultura del descuido y del desastre, donde escapar al norte es su salida.


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Author: Maria Suarez