Soberanía y el dilema del Departamento de Estado (II parte)

La política exterior de EE. UU. tomó un giro abrupto durante la segunda administración del presidente George W. Bush (2005-2009), cuando decidió asumir procesos de carácter más liberal en el diseño de esta para alcanzar sus objetivos en el extranjero. Cuando hablo de liberalismo me refiero estrictamente a temas de teoría de las Relaciones Internacionales, en donde el paradigma liberal reconoce teorías como el liberalismo comercial, el republicano, el sociológico y el liberalismo institucional, que también es conocido como liberalismo en la disciplina. Este último no debe confundirse con el uso y abuso que se le da al término por analistas de otras disciplinas, así como de activistas. El Departamento de Estado empezó a ejecutar políticas exteriores de carácter normativo que aspiraban a construir una visión de cómo debería funcionar el sistema internacional. Es por esto que muchos también llaman idealismo al paradigma liberal y las teorías que lo conforman.

Dos ejemplos prácticos de esto fueron el cambio de estrategia en la guerra contra el terrorismo en Afganistán e Irak y la celebración del tratado de libre comercio con República Dominicana y Centroamérica, conocido como el DR-CAFTA. En el primer caso la estrategia inicial, que fue atacar y ocupar Afganistán e Irak, tenía como objetivo suprimir enemigos directos y potenciales y llevarse el conflicto lo más lejos posible de EE. UU. y sus aliados. El nuevo proceso arrancó con la noción de “construcción de naciones-países” o nation-building, que buscaba mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de los países a través de instituciones políticas (de aquí el nombre de liberalismo institucional). En el segundo caso, basta con revisar los registros de la Casa Blanca correspondientes a la segunda administración de Bush, en que el DR-CAFTA es considerado como el segundo de sus logros después del crecimiento económico (que realmente dio lugar a una crisis). En este rubro se destaca como uno de los objetivos del tratado “con la ratificación del CAFTA, los EE. UU. apoyan la estabilidad y prosperidad en la región, lo que a la vez brinda más seguridad a los estadounidenses” (georgewbush-whitehouse.archives.gov). 

Sería fácil criticar este giro, pero, como se dice en el mundillo diplomático, es lo que se estilaba en esas épocas. El sistema liberal internacional le hacía frente al terrorismo islamista ya no con buenas armas, sino con buenas leyes, algo a lo que Maquiavelo se oponía en su famoso manual para el gobernante El Príncipe (1532). Más de cuatro siglos después, el profesor Hans Morgenthau publicó Política entre naciones: la lucha por el poder y la paz (1948), que constituye también un manual para el gobernante, pero sobre cómo debe conducir la política exterior y a la vez es una reintroducción al paradigma realista, ya no solo de la Ciencia Política, sino que en esta ocasión de la joven pero no menos importante disciplina de las Relaciones Internacionales (fundada como tal en 1919). (Continuará…) 

@robertoantoniow


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Author: Maria Suarez