Guatemala, igual que la gramilla del estadio

“Guatemala merece un estadio nacional moderno, importante, que sea símbolo de un país, que tenga una visión de modernidad para el futuro”, fueron las palabras de Gianni Infantino, mandamás de la FIFA, acerca de la necesidad de contar con un estadio nacional mucho más moderno en el país. Palabras que describen también uno de los más urgentes retos que tenemos: construir una visión de modernidad para el futuro. “El grosor de la gramilla hace que el fútbol sea lento”, advierte Infantino. No sabe este señor que todo es lento en Guatemala: el transporte de personas y mercancías, el progreso social, el crecimiento económico, la justicia, los trámites burocráticos. Considera pues que la solución a la lentitud del fútbol se resuelve financiando el cambio de la gramilla del Guamuch Flores. Inadvertidamente, el Rey Midas del fútbol vuelve a poner el dedo en la llaga: otro de los grandes desafíos que tenemos al abordar los retos colectivos es reducir todo a un problema de financiamiento. 

Si el problema fuera el financiamiento, el deporte federado y la actividad gubernamental serían reconocidos por sus resultados. Si algo no ha faltado al deporte federado y al sector público es dinero. A lo largo de los últimos 40 años, los guatemaltecos hemos financiado con nuestros impuestos estratosféricas sumas de dinero para supuestamente contar con mejores servicios sociales, seguridad y justicia e infraestructura, así como una mejor cultura física y deporte aficionado y de alto nivel, pero los resultados siguen sin llegar. Lo que es más grave, en muchos indicadores hoy Guatemala está peor que hace 20 o 30 años. En esencia, sabemos cómo gastar pero no cómo producir resultados. Si construir consensos fuera algo sencillo, Guatemala y su deporte deberían estar ya en la modernidad, dada la gran cantidad de ejercicios de construcción de futuro y promesas que se han hecho a lo largo del tiempo. Si algo ha quedado claro en todos estos procesos es que pueden más los intereses de grupos particulares que los verdaderos intereses nacionales. Ojalá en la realidad las cosas funcionaran como en la imaginación de Infantino. Sembrar la grama es una cosa, mantenerla verde y recortada otra muy distinta, y que eso termine provocando que Guatemala vaya al Mundial, una esperanza infundada. 

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Author: Maria Suarez