En la primera parte de esta columna (El candidato), publicada la semana pasada, el 27 de agosto, hacía mención de que ya estamos a menos de un año de las elecciones generales en las que elegiremos presidente y vicepresidente, diputados, parlamentarios y alcaldes con sus respectivas corporaciones y todos serán en su ámbito representantes del pueblo de Guatemala. En esa contienda tendremos, absurdamente, entre 25 y 30 candidatos a la presidencia de la República. De esa ridícula, por grande, cantidad de candidatos, sabemos de antemano que solo una media docena tiene posibilidad de llegar a segunda vuelta. Y es mi opinión que en gran medida este absurdo se da por la abracadabrante Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), que pareciera haberse hecho con un espíritu suicida, por quienes la hicieron, o con la macabra intención de acabar con la democracia y llevarnos a una brutal dictadura. Mencioné en la primera parte de esta columna que los votantes tenemos el legítimo derecho de indagar y preguntar a los precandidatos ¿qué les mueve a ser candidatos? Digo esto por los esperpénticos casos que hemos visto recientemente en nuestra América Latina, ante los que no nos queda más que esperar grandes males para los países que tan trágicamente se equivocaron.
A causa de mis señalamientos para que un político se atreva a ser candidato a la presidencia un ciudadano, obvio lector de mis columnas, me escribió diciendo sucintamente: “El candidato debe ser un líder nato, que tenga solvencia política, moral y amplio conocimiento de los problemas de la población”. Lo escrito por el lector me gustó y suena sumamente lógico, pero lamentablemente muy simplista y en nuestra realidad es absolutamente ingenuo. Y aprovecho esto para ahondar en lo que debiera ser el presidenciable. Dice el lector “debe ser un líder nato”, en la teoría me parece lógico y necesario, pero me pregunto ¿dónde hay líderes natos? En Guatemala no los veo, ni en América con un par de excepciones: en Estados Unidos veo a Donald Trump y en El Salvador a Nayib Bukele; pueden no gustarnos pero no se puede negar su liderazgo. En Europa tal vez Emmanuel Macron y Vladimir Putin y en Asia solo uno Xi Jinping en China y “para de contar”. Así que lo de “líder nato” en Guatemala hoy no lo hay, en el pasado reciente sí, tuvimos a Carlos Arana, a Manuel Colom, a Mario Sandoval, a Jorge Carpio, a Vinicio Cerezo, a Álvaro Arzú y al controversial Alfonso Portillo. Y si a lo de “líder nato” agregamos “que tenga solvencia política y moral” tendremos que quitar a algunos de los que menciono. Finalmente, glosando la nota del lector “y amplio conocimiento de los problemas de la población”, estoy seguro de que todos los candidatos lo tienen, ¿pero qué ganamos con que el candidato tenga tal conocimiento? Lo que necesitamos es que tenga propuestas reales para resolverlos y la firmeza para implementar las soluciones cuando ejerza el mandato.
Repito, tendremos unos seis buenos candidatos pero no conocemos las soluciones que plantean para resolver los problemas, ya que la absurda LEPP lo impide. De emergencia nacional debiera derogarse tal esperpento y a marchas forzadas presentar una LEPP hecha con la cabeza y no con los pies.