Por la saturación de agua en los suelos, hemos visto derrumbes, carreteras interrumpidas, colectores colapsados, accidentes de tráfico, todo con saldo de dolor y muerte.
Pero también asistimos al derrumbe institucional del país en todos los órdenes: en el ético y moral, adelgazamiento del Estado de derecho, colapso del sistema de justicia, de carreteras electorales con baches, con peligro de derrumbe total, de instituciones tales como el Congreso, que son especie de colectores hundidos en sí mismos. Según reveló el exsecretario de la Conred, Alejando Maldonado, tras su relevo en el cargo en 2019, se derogó la normativa que obligaba al mantenimiento de la infraestructura, incluyendo los colectores de aguas. Entre tanto, millares de guatemaltecos, en estampida, huyen de la pesadilla guatemalteca, para ir tras un etéreo sueño americano. ¡Guatemala se derrumba!
Como no quiero quedarme en la retórica, porque creo en el proverbio latino que dice Quod gratis assertitur, gratis negatus (lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega), sustentaré mis asertos con pruebas. En buen chapín, se dice: y si digo que la mula es parda es porque tengo los pelos en la mano. Veamos los pelos de mula.
La pobreza ética de los políticos y candidatos a puestos de elección ha quedado al desnudo ahora que asistimos a una inmoral guerra de encuestas. Basados en estimaciones electorales, fabricadas mientras se bebe un poco de licor, cada grupo anuncia que está en la cabeza o en una buena posición de la preferencia electoral; y lo asegura con cifras (datos falsos, por supuesto). Todos los partidos se contradicen en los resultados. Si mienten ahora así, si pretenden engañar a los ciudadanos con encuestas prefabricadas, por qué luego asombrarnos de que nos mientan en la presidencia, el Congreso y las alcaldías. La mentira es una siniestra forma de hacer política y de gobernar, porque se cree que cuando una mentira se repite hasta la saciedad, se vuelve “verdad”.
Con pena, leo que un exviceministro de Gobernación quiere quedarse con la venta del sistema de conteo de votos. Un titular del diario Prensa Libre dice que el Tribunal Supremo Electoral evade la ley de compras por Q15 millones. Aporta las pruebas. Anteayer, el licenciado Mario Antonio Sandoval titula su columna: TSE da un evidente paso para el fraude electoral. En portada de elPeriódico, con pena, leo que los aspirantes a Contralor General no tendrán que declarar posible conflicto de intereses. Total, la ética está por los suelos. En la Contraloría de Cuentas, dos de cada diez personas empleadas son asesores. Seguramente que muchos ocupan las llamadas plazas fantasmas (cobro sin ir a trabajar). Estas son solo noticias de los últimos días, que le bajan los ánimos a los más optimistas.
No solo los políticos y gobernantes, sino la sociedad como tal tiene una moral cada vez más adelgazada. Los conciertos de bandas terminan en trifulca de jóvenes, muchos de ellos borrachos o drogados. En otros casos, esto ocurre porque a los organizadores de los eventos les interesa más la venta de boletos que la seguridad de los asistentes. Dolor, muerte y luto que queda impune.
El transporte del DPI a los guatemaltecos radicados en Estados Unidos de 2020-21 costó menos de Q300 mil. Ahora, en vez de pagar por volumen, el Renap lo hace por documento individual, lo cual, en 2021-22 aumentó de menos Q300 mil a Q19 millones 700 mil. Menudo robo descarado e impune. Así, el dinero no alcanza para nada o casi nada. Denunciarlo públicamente termina siendo delito, como es el caso del juicio político montado contra Jose Rubén Zamora. Por ser juicio político, debería al menos tener prisión domiciliaria, no ser refundido en una bartolina, donde come comida fría, con comunicación con su familia de escasos dos días a la semana.
Ante el aumento de la desnutrición (casi uno de cada dos niños guatemaltecos menores de 5 años padece algún grado de desnutrición), de la pobreza, de la inflación, de que la corrupción en el Estado les robe posibilidades de vivir mejor en su país, millares de guatemaltecos huyen de nuestra nación. Según datos oficiales de los Estados Unidos, de enero de 2020 a agosto de 2022 (gobierno de Giammattei) más de 528 mil guatemaltecos fueron detenidos en la frontera sur de los Estados Unidos. Bastante mayor es el número de los que lograron ingresar a suelo estadounidense. Según la OIT, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU estima que en 2020 emigraron 1.3 millones de guatemaltecos. Esto se refleja en el incremento mensual del monto de remesas, enviadas por guatemaltecos desde el extranjero. Las fuentes de trabajo están allá, no aquí. Actualmente, más del 20 por ciento de la población guatemalteca vive en Estados Unidos, porcentaje que va en aumento. Todos estos son, según la metáfora, los pelos de la mula parda en las manos.
¿En dónde se encuentra el final del túnel por el que transitamos? Los que tienen en sus manos la gestión de la cosa pública tienen los mejores sueldos de Latinoamérica, algunos de ellos gozan de abultadas dietas, a otros les costeamos sus seguros de salud y vida (porque para ellos el IGSS no representa conquista de la Revolución de Octubre), pero solo hacen el gobierno de su bolsillo, para su bolsillo y por su bolsillo. Mejor es emigrar.
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