Los responsables de la tragedia del 14 de septiembre tienen nombre y apellido

Dentro del capitalismo voraz el único ocio permitido es el que está relacionado al consumo y explotación de las personas. Las ferias locales que en algún tiempo premiaban la producción de las mejores hortalizas o proveían espacios para intercambio de mercancías de lugares alejados, creando un proceso de mercado ético, comunitario y regional, fueron cooptadas por empresas enfocadas en promover dependencias y generar ganancias millonarias, eliminando por completo una convivencia colectiva o familiar. La feria de independencia de Quetzaltenango es el mejor ejemplo. Independientemente de la crítica al concepto de “independencia”, en los últimos años la feria de Xela la convirtieron en un espacio cooptado por empresas cerveceras que promueven a las mismas bandas y los mismos conciertos cada año para poder distribuir su producto en saciedad.

Pero en un país como Guatemala, donde no existen políticas de Estado enfocadas en el ocio, donde los “parques” son escasos y terminan siendo plastas de cemento, donde los únicos espacios de paseo relativamente seguros de la delincuencia son los centros comerciales, donde no existe presupuesto para música, deporte, teatro y para las artes en general, ¿cómo recriminarle a la población porque asiste a espacios como el alumbramiento de un grotesco “árbol”, a conciertos de “independencia” o de Semana Santa “patrocinados” por una cervecería, si es lo único disponible en términos de distracción?
La muerte de nueve personas en la avalancha humana durante un concierto el pasado 14 de septiembre, patrocinado por la Cervecería Gallo, coordinado por Calavera Producciones, con el aval y autorización legal de la Municipalidad de Quetzaltenango, a cargo del alcalde Juan Fernando López, representa un costo más de la pobreza estructural del país. Es el resultado de un país desigual en donde el Estado deja pocos o nulos espacios de diversión para las mayorías de clase media y pobres, y en la faz de la tragedia, como ha sido evidente en los comunicados de las tres instituciones, todas se desligan de la responsabilidad jurídica y moral, y se culpa a las víctimas de su propia muerte.

Culpar a las víctimas es algo en lo que las autoridades y sociedad en general son expertas. La frase “seguro en algo estaba metido” justificó violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado y continúa justificando la violencia del presente. En Guatemala en el año 2017 fueron quemadas 56 niñas por órdenes de un patético cómico que llegó por la corrupción a ser presidente y la narrativa, inclusive de la prensa, se enfocó en criminalizarlas a ellas y culpar a sus familias. Por eso, no sorprende que ahora el alcalde y su concejo se laven las manos y culpen a la población y a las víctimas del suceso. En un país medianamente decente, los responsables de la tragedia del 14 de septiembre en Quetzaltenango, el alcalde, su concejo, la productora y la cervecería, estarían ya bajo investigación por cargos de homicidio culposo.


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Author: Maria Suarez