Obviamente no me refiero a las huestes del oportunismo, círculos vandálicos que rodean a un tal Mazariegos y cohorte de arribistas. Aquellos que portan toga para encubrir sus vergüenzas. Licenciados en podredumbre, doctores de la estafa. Merolicos del derecho, con aliento a cloaca. Pretenden de la Usac un lupanar. Robarle el intelecto al pueblo y entregarlo a los opresores. Desconocen la hidalguía centenaria. Confunden denarios con crédito académico. Se cobijan en la bota de los cuarteles, se arrastran ante los dineros oligárquicos, besan con apetencia el anillo presidencial. Chantajean la esperanza. Esta nota, sin embargo, no está escrita para los traidores. Los que degradan intencionalmente la academia. Los entreguistas.
Muy por el contrario. Está dedicada por entero a la juventud que resiste el atropello de los ignorantes, la arremetida de Xibalbá. Los hombres y mujeres universitarios que sintetizan la dignidad de este país. Aquellos que resisten: fraude electoral y entrega de la Usac a las fauces de la corrupción, oligarquía y milicia. Su lucha es denodada; ha sido asumida por pueblos indígenas, sectores populares y movimientos democráticos. Tienen legitimidad. El “rector” impuesto permanece escondido, se sabe apestado. Rechazado por amplios círculos nacionales. Solo será bienvenido en el callejón Manchen, los cuarteles y salas de espera en La Cañada. Nunca, nunca le reconoceremos como académico. Siempre será el merolico que vilipendió la Usac. La hediondez, sin embargo, no es el fin de la historia. Este pueblo, aún en la oscuridad, anima la esperanza, la luz de la integridad. Esos valores se encarnan en la muchachada estudiantil, aquella que avanza con pasos de gigante, que escribe la historia. Hoy como ayer, los jóvenes de la U iluminan su propia senda y el camino de los pueblos. Es en la dureza de su lucha en donde “templan el acero”. Esa juventud pronto dirigirá este país. Los ignorantes, los que agreden a la sociedad robándole la academia, estarán siempre en el foso de la historia. Cuando en este país se hable de vileza, servirán de ejemplo. Siempre llevarán la marca de la traición.
La resistencia de los universitarios al fraude de los vándalos es el sumun del rechazo democrático a la corrupción y vulgarización de la academia y el país. Las organizaciones democráticas tenemos el deber de respaldar la hidalguía del estudiantado. Resistamos con las muchachas y muchachos la imposición. Articulemos pensamiento y acción para superar fraude, corrupción y cárcel. Para obtener la libertad de Rubén Zamora y presos políticos. Nuestro reconocimiento a esa juventud que ha transformado las aulas en trincheras de dignidad.