La tragedia reciente en Xelafer durante la celebración de un concierto de rock, denominado por varios analistas de medios como parte del marketing empresarial, en donde 9 jóvenes murieron y otros 20 quedaron heridos, bien debiera impulsar al colectivo y a la prensa a indagar quiénes son los responsables de tal desorden violento. Y ¿ por qué violento?
Cuando me tocó elaborar, con un equipo bueno de expertos, el único estudio de peso en torno al costo económico de la violencia en Guatemala, en el año 2006, inicialmente me sorprendió que las muertes y heridos por accidentes de carro y moto eran incluidos en tal costo, según convenciones metodológicas internacionales que seguimos a pie juntillas.
Como parte de los costos de la violencia están: las pérdidas en salud, los costos institucionales de prevención y actuación ante hechos violentos, los gastos en seguridad privada de hogares y empresas, la propia afectación al clima de inversión, y diversas pérdidas materiales.
Ello me llevó a indagar sobre otros costos: el del hambre, el de no tributar o eludir tal acto, el de la corrupción, el propio costo del subdesarrollo; incluso el costo de no cambiar, el costo de la denominada economía preventiva. Y en general la indagación sobre los costos económicos y sociales, medidos estos con parámetros e indicadores económico-financieros.
¿Cuánto vale entonces una vida perdida? Los señorones del gran rédito y del capital están acostumbrados a coaccionar a cualquier afectado —incluso cuando se trata de altos (y hasta pequeños pasivos laborales)—, a poner el manojo de billetes y decirle al trabajador despedido: “Mire, aquí están 50 mil quetzalucos, tómelo o déjelo y si no nos vemos en un largo lío en los tribunales”. Bien saben ellos (porque la mayoría del alto mando corporativo son hombres) que por principio no importa que los abogados defensores se lleven el triple, pero es un mal precedente pagar lo que la ley manda.
Imagine el costo de una vida joven por aquí, descontando un salario medio dejado de percibir durante 240 meses (número de meses para optar a un IVS en el IGSS). Con algunos ajustes,por allí rondaría un pago justo. Pero lo que más duele es la indiferencia del propio establishment, hasta en sus muy poco responsables comunicados de duelo.
Nuestra sociedad está urgida de adecuadas políticas sociales y se debiera comprender que en materia de la tan cacareada productividad, el empleo, los salarios y las pensiones, en la medida que se afiancen adecuados sistemas de protección social, de salud universal y demás, las sociedades caminan de mejor manera.
Resulta crítico entonces que hasta para la recreación vecinos y ciudadanos se enfrenten al miedo de daños materiales y personales de la magnitud de los observados en Xelafer en pleno aniversario de la independencia patria, cuando entes públicos de plena responsabilidad como la propia municipalidad y el Ministerio de la Cultura simplemente hacen las del avestruz.
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