Los indios conquistadores

Generalmente se cree que doscientos o trescientos españoles derrotaron a ejércitos indios de hasta 300 mil combatientes, que estaban muy bien entrenados para la guerra. A todas luces, esto es imposible. Quizá esta creencia fue creada y difundida para mejor exaltar la pericia, astucia y valentía de los conquistadores españoles. La explicación hay que buscarla en otras realidades y conceptos.

Unos pocos cientos de españoles congregaron a su alrededor a decenas de miles de indígenas, para combatir a los reinos hegemónicos del continente, de los que los pueblos esclavizados estaban hartos. Hernán Cortés aglutinó a su alrededor a combatientes de cerca de 110 etnias del actual México, para atacar con éxito al poderoso Imperio azteca. El grueso del ejército estaba, pues, formado, no por españoles, sino por combatientes indios. Servando T. de Mier escribió: “Los soldados para la conquista han sido indios con jefes europeos”. Por esta razón, Coralia Gutiérrez puso en entredicho que se tratara de una “conquista española”. Matilde Ivic reseñó que la conquista, además de española, fue “nahua, mixteca, zapoteca y de otros grupos mesoamericanos… Uno de los efectos colaterales de la exaltación de los españoles como soldados excepcionales fue la ocultación multitudinaria y determinante de los conquistadores indígenas mesoamericanos, que se aliaron con los invasores”. José Vasconcelos escribió que “la conquista la hicieron los indios”. 

El maltrato de las etnias subyugadas por parte de los reinos hegemónicos fue la principal causa del éxito de la conquista española. Las etnias esclavizadas, gustosas apoyaron a los hispanos. El éxito de la conquista no hay que buscarlo en otro lugar.

En nuestro caso, Pedro de Alvarado trajo consigo solo cuatro cañones de difícil movimiento en las serranías de nuestro país. No todos de los cerca de 180 españoles que acompañaron a Alvarado tenían pistolas o arcabuces. 

Los indígenas que participaron en las guerras de conquista, luego reclamaron sus derechos de coconquistadores.

La Universidad Francisco Marroquín restauró digitalmente el Lienzo Quauhquechollan, que habría sido realizado en lo que hoy es La Antigua Guatemala, por mesoamericanos de lengua náhuatl, que acompañaron a Pedro de Alvarado en la conquista del territorio de lo que hoy es Guatemala.

Los quauhquecholtecas se unieron a Cortés, a cambio de ser liberados de la opresión azteca. Luego vinieron con los españoles a la conquista de nuestro territorio. Ganaron importantes privilegios de parte de Carlos V, que buscaron confirmar a través del documento pictográfico que realizaron. 

En México, Cortés cumplió más la palabra empeñada a los indios. Pedro de Alvarado, en cambio, tras el triunfo contra los k´iche´ reprimió y combatió a sus aliados kaqchikeles. A Pedro de Alvarado ya lo condenó la historia.

Por su participación en la conquista del Imperio azteca, a los tlaxcaltecas se les permitió conservar su antiguo gobierno indígena y sus tierras, sin intromisión española. Pudieron portar armas, montar a caballo, lo cual estaba reservado a los españoles, se les consideró hidalgos, con facultad de anteponer a sus nombre el título de “don”, se les eximió del pago de tributos. A solicitud de Hernán Cortés, no fueron incluidos en el reparto de encomiendas, porque sus tierras eran realengas, dependientes del rey en línea directa. Fueron “vasallos libres no tributarios”. En todo sentido, estuvieron mejor en la época colonial que en la precolombina. La invasión y conquista tiene muchas caras. Fue una realidad compleja, generalmente mal contada.

A instancias de Fray Bartolomé de las Casas, por la aceptación del dominio español, no por las armas, sino voluntariamente, las Verapaces fueron regidas solo por indígenas. Con toda hidalguía y mostrando su traje nativo, en Madrid, Juan Matal B´atz´ se presentó ante el monarca Carlos V y su hijo Felipe. Cuando previamente le indicaron que, según costumbre, se debía inclinar ante el Rey y el Príncipe, aquel se negó diciendo: “Entre principales no nos hincamos unos frente a otros”. Carlos V le permitió usar el título de “don”. Con múltiples regalos, Matal B´atz´ regresó a su tierra. Carlos V lo nombró gobernador vitalicio de la Verapaz. San Juan Chamelco recibió el título de Ciudad Real; y Cobán, de Ciudad Imperial. 

Por premio por participar en la conquista, o atendiendo a peticiones de los principales de las etnias indígenas, la Corona española dio a comunidades mesoamericanas importantes extensiones de tierra comunal, las cuales, en parte, perdieron durante el gobierno de Justo Rufino Barrios. Esas tierras pasaron a manos de los amigos del presidente liberal. En su libro Por qué fracasan los países, Daron Acemoglu y James A. Robinson aseguran que “entre 1871 y 1883, casi un millón de acres de tierra, la mayor parte tierra comunal indígenas y tierras fronterizas pasaron a manos de la élite”. Algunas tierras comunales se salvaron. Entre ellas, las cerca de doscientas caballerías dadas por Felipe II a los xinkas, que aún cuidan y conservan.

En otro artículo me referiré a la crueldad de la encomienda, que es la otra cara de la moneda. A la muerte, en siglo y medio, de cerca del 90 por ciento de la población originaria del continente, debido a enfermedades desconocidas en América, para las cuales los nativos no tenían defensas. Esta habría sido la mayor catástrofe demográfica en la historia de la humanidad.

 La invasión y conquista fue un hecho plural. No fueron las tres mentiras que nos han contado.


En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez