12 juicios que cambiaron la historia

Hace varias semanas abordé este mismo tema. 

Esta vez, haré una referencia muy directa a cada caso, y la esencia de lo que cada uno de esos doce juicios representa: 1) Sócrates: proceso absolutamente arbitrario generado por las “ideas extravagantes” del condenado, que por su congruencia absoluta, no aceptó otra alternativa que la misma muerte —ataque directo a la libre emisión del pensamiento—; 2) Jesús de Nazaret: otro proceso arbitrario generado por el odio proveniente de quienes sintieron amenazado su statu quo —y con un emperador que, además, ¡se lava las manos!—; 3) Jan Hus: precursor de la reforma luterana, cuyo juicio con fin preestablecido de declararlo hereje se basó en la hipocresía y el mantenimiento de intereses particulares (el papa Francisco pidió perdón por este “asesinato judicial” en el año 2015); 4) Juana de Arco: condenada por herejía ante la imposibilidad de hallar pruebas que fundamentaran su condena; lo que la lleva al final a la dolorosa ejecución en la hoguera (otro caso en que un Papa —Calixto III— reconoció la arbitrariedad); 5) Giordano Bruno: el gran filósofo que sufrió torturas en la ejecución de su sentencia, por ser heréticos sus planteamientos (otra vez, y aún faltan más). Su lengua aferrada a una prensa de madera para que no pudiera hablar lo dice todo. Por eso cuando le leyeron la condena, se dice que exclamó: “Tembláis acaso más vosotros al dictar esta sentencia que yo al recibirla”. 6) Galileo Galilei: quizás uno de los doce juicios más reconocidos popularmente. Otra vez la “santa inquisición” haciendo de las suyas, imponiendo “su ley” contra los “enemigos de sus prescripciones”… “Estás conmigo o estás en contra de mí” podría servir de simple referencia de lo que le tocó vivir al gran científico; 7) Luis XVI: “rey o tirano”. La implosión de las nuevas ideas, ¿lleva a fanatismos tan repudiables como las que buscan combatir? El Diccionario de la Lengua Española define, entre otras acepciones, al “jacobino” como defensor exaltado de ideas revolucionarias y radicales. ¿Hemos sido “jacobinos” alguna vez?; 8) Miguel Hidalgo y Costilla: silenciado y condenado mediante el ius puniendi del poder, por considerarse “delictuosa” toda lucha contra la opresión. El poder ejercido sin control (¿para mis amigos todo; para mis enemigos, la ley?); 9) Caso Dreyfus: lo que vivió este oficial del ejército francés, no una, sino tres veces, a finales del siglo XIX en la Francia profundamente dividida por la xenofobia y el antisemitismo (racismo), denota quizás más dramáticamente que otros casos —siendo ya Francia una “República” antimonárquica— cómo se pueden retorcer los procesos judiciales para obtener un fin determinado. Entre la infamia y el odio, no obstante, sobresale al final de la historia la decencia, aunque tardía, pero decencia al fin. 10) Oscar Wilde: el Estado es utilizado por fuerzas conservadoras para imponer criterios sobre temas regidos por el derecho a la intimidad. ¿Y cuál fue la forma o la vía de imponerlos? Nuevamente un drama humano pasado por las instancias judiciales parcializadas. 11) Dirigentes nazis (Juicios de Núremberg): quizás el caso más difícil de digerir, pero a la vez el que más resalta los valores que nunca debemos poner en riesgo bajo la idea de que “el fin justifica los medios”; y finalmente 12) Al Capone: también desagradable de citar como “juicio histórico”, pero ante la imposibilidad de los fiscales para condenarlo por las decenas de asesinatos, terminan usando al sistema para condenarlo por evasión fiscal.

Mensaje final: tenemos suficientes lecciones para aprender que el sistema de justicia puede ser lo más noble y necesario, o lo más temible y detestable. Arbitrariedad es la palabra antónima más antónima de justicia. Cuidado. Deja profundas laceraciones no solo individuales, sino sociales.


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Author: Maria Suarez