Abrazar es rodear con los brazos, usualmente con afecto, mientras que abrasar es quemar en las brasas. Curioso y a la vez aleccionador lo poco que diferencia —una consonante, sin más— a dos palabras casi opuestas. Sobre todo cuando son pronunciadas por alguno de nuestros acentos latinos, que no diferencian la “z” de la “s” ni la “c”. De una demostración de cariño a quemarse a las brasas hay solo un “z” de distancia.
Abrazar y abrasar riman, pero no son iguales. Vamos a ello.
Hay personas que nos abrasan mientras actúan como si nos abrazaran. La traición, hipocresía y mentira son elementos que avivan la combustión y desmotivan el abrazo. Hay, también, gobiernos que abrasan a los ciudadanos que abrazaron a sus líderes cuando estos eran apenas candidatos y personas sin poder aparente. También hay estadísticas, datos y hechos que comprueban que los países se queman en las brasas de la corrupción, la indiferencia y la violencia, mientras otros niegan la realidad porque deciden abrazar con ceguera y necedad ideologías, personas, partidos y discursos decrépitos, que hieden y enferman. Hay periodismo falso que abrasa a sus lectores en vez de abrazar la verdad, los hechos y la tarea de formar criterio y abrir el debate sano entre sus consumidores como un fin. Hay realidades abrasadoras que fueron quemando cada vez con más intensidad mientras otros se encargaban de abrazar fantasías y perseguir delirios de grandeza. Hay partidos, gobernantes, políticos, empresarios, líderes y activistas abrasadores, aunque también los hay abrazadores (en menor medida, quizás).
Abrasar y abrazar jamás han sido verbos tan distintos y tan confundidos en países e idiosincrasias como la nuestra. Mientras algunos pelean por ni siquiera parecerse a Haití —un Estado fallido— o aparecer cerca de esta nación en las estadísticas sobre índices de desgobierno y pobreza, otros abrazan la idea de que por lo menos no somos igual que Haití y que eso basta; basta porque abrazan ideas y credos que, sin darse cuenta, les abrasan el cerebro. Mientras algunos pelean por no parecerse a países en zonas de guerra en cuanto a índices de violencia y falta de educación, otros abrazan la idea de que todo está bien porque este gobierno ha decretado que somos un país provida, cosa que se queda en monumentos y en la tinta, porque en la práctica (aunque sí somos un poco provida porque defendemos la vida desde la concepción hasta la muerte natural), seguimos avalando los ciclos de violencia doméstica y dejando impunes a los abusadores, así como seguimos quitándole fondos a los programas de nutrición para dárselos a secretarías patéticas de incomunicación.
¿Quién lo abraza a usted y quién lo abrasa? ¿A quiénes abrasa y abraza? ¿Por qué ideas es capaz de quemarse en las brasas? ¿Vale la pena abrasar el país? ¿Qué personajes, ideas, grupos y prácticas abrasan y no abrazan? Los guatemaltecos necesitamos fundirnos en un fuerte abrazo, y no en las brasas, porque las cenizas de ideas, personajes y grupos abrasados no sirven para construir nación. Los abrazos sí. O al menos sirven para no destrozar lo poco que nos queda.
@godoyesjd
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