Adiós, pandemia; hola, cambio climático

En el 2017 alcé mi voz alrededor de la importancia del tema sanitario. Ello me sirvió también para planteamientos de praxis en centros de decisión sobre la seguridad social preventiva. 

Me llamó la atención en tales tiempos la preocupación del mundo desarrollado por las ciencias del envejecimiento, dadas las características etáreas de su población, y ello viene jalando con potencia nuevas preocupaciones macroeconómicas que buena parte de nuestros impolutos técnicos, principalmente los monetaristas, ni idea tienen de las nuevas cajas de herramientas que ya se plantean en importantes revistas como el actual número de The Economist. Pero de ello hablaremos en otra oportunidad.

Lo cierto es que en tales fechas, en una publicación de la revista Análisis de la Realidad Nacional de Ipnusac, publiqué el “enfoque heterodoxo de la salud”, que advertía sobre la necesidad de replantear nuevos enfoques preventivos de la salud, más que curativos, y ampliar ese abanico de opciones y posturas hacia variadas esferas de la vida social.

Sin imaginarme el coronavirus, me uní al coro de opinadores que planteaban que debiéramos tener vigilancia en las enfermedades infecciosas —en 2017— viendo lo que sucedía con las plantaciones del agribusiness (como el azúcar y la palma africana) en África Occidental. De interesantes reflexiones y autores sobre el ébola, y la circulación de nuevos patógenos y su relación con la conformación de grandes asentamientos humanos puede uno concluir que lo sanitario es como la llamada de advertencia que nos impide un comportamiento de avestruz, ni mucho menos fingir con desdén la desmemoria de la pandemia mundial. 

Por aquí se aplaude que hemos pasado el coronavirus, a pesar de contar con tan solo un 30 por ciento de vacunados, mientras las autoridades del ministerio del ramo siguen sin explicarse lo que llaman ellos un falta de educación de la gente rural principalmente en torno a la vacunación y otros procedimientos modernos.

Lo cierto es que el tema sanitario, de nutrición y demás sigue siendo uno de los retos inmensos de la sociedad guatemalteca, mientras hoy se abre el subsecuente reto del ambiente y del cambio climático, que tiene incidencia directa en la movilidad humana y extinción de medios de vida de grandes contingentes humanos en nuestro medio, y se sigue con posturas de pujar por la fantasiosa reactivación económica, como en los tiempos en que los sectores de poder la priorizaron sobre la prevención férrea y responsable de la pandemia.

El cambio climático plantea ahora retos cruciales en el Antropoceno: el de las tecnologías limpias, el del cese de la minería a cielo abierto, el de ponerle límite a la expansión irrefrenable del monocultivo, de los despojos de tierras y en el corto plazo resolver de forma responsable las concesiones petroleras, por ejemplo.

Adicionalmente a ello, impulsar el escalamiento de las concesiones y los subsidios forestales y proteger celosamente el Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas (Sigap), teniendo en cuenta que somos un país de envidiable ventaja comparativa: con majestuoso patrimonio natural en plena convivencia con inigualable patrimonio cultural. Robustecer las normativas del actual Código de Salud con las ambientales sugiere esfuerzos titánicos de reforma del Estado y de la sociedad.


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Author: Maria Suarez