Al cardenal Álvaro Ramazzini

Como un ciudadano más, coincido con sus señalamientos de que el gobierno que preside Alejandro Giammattei es un régimen que tiene cooptada la institucionalidad democrática del Estado. Así me permití manifestarlo en el artículo La dictadura y la pantomima electoral, publicado el 23 de agosto pasado en este medio periodístico, abanderado de la defensa de la libre emisión del pensamiento.

Me tocó vivir por azar del destino en mi calidad de catedrático de temas internacionales de la Universidad Rafael Landívar la convergencia espontánea que en el 2015 se dio en primera instancia entre los estudiantes de distintas facultades de esta casa de estudios, luego la convergencia entre las distintas universidades del país, para juntos los estudiantes de diferentes corrientes ideológicas convergieran en la Plaza Central, sumándose a la que fue en ese momento la magna manifestación de ese año, que desencadenó la caída del gobierno de turno. Si bien se reconocía en los estudiantes de la Universidad de San Carlos a los más organizados, disciplinados, y de una clara orientación ideológica, fue determinante la amplia apertura ciudadana. 

Como en aquellas circunstancias hoy se está viviendo un creciente descontento ciudadano ante un régimen impopular e ilegítimo que se le reconoce como una dictadura de Estado, corroído profundamente por la corrupción, y que no tiene vergüenza de su ambición de perpetuarse en el ejercicio del poder. Para ello hay toda una planificación para que las elecciones generales del año entrante respondan a sus intereses y no al de la mayoría de los ciudadanos. 

Sin subestimar a este régimen, algo aprendieron del 2015. Ahora, se han propuesto polarizar ideológicamente a la ciudadanía y encubrir sus desmanes manifestándose a favor de principios que la ciudadanía en general comparte: el valor de la familia, a favor de la vida y en contra del aborto, y expresan sin recato su fe religiosa. La manipulación ha llegado a esos extremos. 

En este contexto, grupos minoritarios, disciplinados y dogmáticos monopolizan los debates y las narrativas mediáticas. Los extremos ideológicos, como sabemos, se atraen y se necesitan mutuamente. Guatemala sufrió por estas razones una extensa y sangrienta guerra interna que después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, aún hay resabios y sed de venganza de esa conflictividad. Pareciera que estamos atrapados sin salida en un círculo vicioso. 

Viene a mi memoria, estimado cardenal Ramazzini, la misa solemne de cuerpo presente por el fallecimiento de nuestro querido y recordado con mucho afecto y admiración cardenal Rodolfo Quezada Toruño, en la que usted dirigió unas palabras muy sentidas durante la homilía. 

Al cardenal Quezada Toruño le tocó vivir momentos históricos de la vida nacional y en especial fue un gran conciliador. Por supuesto, otros tiempos y otras circunstancias. 

¿Cuál es el desafío ciudadano en este momento histórico en que se impone una dictadura de Estado? ¿Qué motivo coyuntural puede unirnos sin que prevalezca la distinción ideológica? 

Estas son interrogantes obligadas que se hacen muchos ciudadanos inconformes que no se manifiestan aún públicamente y que se sienten inhibidos o bien confusos por la manipulación y por los extremos políticos. 

Me permito sugerir que aún estamos a tiempo de hacer un llamado a una convergencia nacional amplia e incluyente, cuyo objetivo fundamental sea el rescate de la democracia y el fortalecimiento del Estado de derecho. Hay ciudadanos de diferentes ámbitos y sectores que estamos abiertos a contribuir a los esfuerzos que pacíficamente y dentro del Estado de derecho se promuevan para hacerle frente a esta dictadura que luce en manos de impostores de la política.


En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez