El debate suscitado hace unos días a causa de la publicación de unos indicadores regionales de pobreza deja varias lecciones que merecen una reflexión más profunda. Primero, reconocer la importancia de mantener un adecuado balance entre la simplificación y el rigor. Una lección de particular importancia en esta era moderna, en la cual las redes sociales nos obligan a condensar profundas ideas en mensajes de texto de 280 caracteres, videos de corta duración o imágenes acompañadas de ingeniosos títulos. Así también, de vital importancia para quienes, como nosotros, practicamos a diario el periodismo económico y nos vemos en constante necesidad de acercar a los lectores a temas sumamente técnicos, a menudo poco interesantes para los lectores, de forma atractiva y simple. La publicación del servicio de radiodifusión internacional alemán en redes sociales contenía profundos errores metodológicos que invalidaban el propósito comparativo de la misma. A muchos incomodaron las quejas presentadas por el Gobierno de Guatemala en relación con este medio y a la organización responsable de los cálculos; sin embargo, razón de sobra tenían, ya que en temas tan técnicos e ideológicamente sensibles, como la medición de la pobreza, la precisión y el rigor son más importantes que la simplificación.
En otro plano, poco importa si el nivel de pobreza es un 20 por ciento o un 40 por ciento, si la medición está actualizada o no, si el indicador es el más idóneo o no; lo que no se puede negar es que la pobreza es uno de los principales problemas que afecta al país y su solución es un asunto de urgencia nacional. Asunto este último respecto del cual nada se dijo en las redes sociales; en su lugar, abundaron las descalificaciones de tipo ideológico y los ataques personales entre los usuarios. Un debate que en nada ayuda a superar la profunda confusión ideológica reinante en relación con las mejores formas de eliminar la pobreza en el país; más que demostrar la superioridad del Estado o de los mecanismos de mercado para superar la pobreza, el reto consiste en cómo aprovechar cada uno de estos mecanismos de la mejor forma posible. Una muestra clara del nivel de polarización existente en el país, en donde más importante que buscar curas para las enfermedades económicas, sociales y políticas que nos matan, lo único que interesa a muchos es descalificar, cancelar, en terminología moderna, a quienes disienten de la propia opinión. Es momento de ser pragmáticos y abandonar posturas ideológicas extremas que en nada ayudan a resolver nuestros problemas.