“Sobre los límites y efectos del capitalismo”, debí haber intitulado este artículo, pero para seguir con la lógica de la semana pasada, guardé el título original. Cuando uno analiza el desarrollo del capitalismo, descubre que la curiosidad, el espíritu de búsqueda y los inventos de la raza humana parecen no tener límites.
El capitalismo, con su revolucionaria aunque relativa transformación de las relaciones de esclavitud y de vasallaje en beneficio de relaciones centradas en la apropiación privada de los medios de producción y en el libre intercambio de mercancías y de fuerzas de trabajo, catapultó la creatividad a niveles alucinantes, al punto de acelerar el crecimiento tecnológico y social de muchos países y concentrar poco a poco la propiedad de los medios de producción en cada vez menos manos, construyendo al mismo tiempo una teoría y unas leyes esotéricas alrededor de las sagradas “leyes del mercado” (que minimizan la posibilidad de regulación de los mercados por parte del Estado), de manera que las necesidades de los seres humanos en su conjunto se han ido subordinando totalitariamente a la lógica de los capitales y del movimiento de las mercancías, por encima de la lógica y de las necesidades de los verdaderos hacedores de esos capitales, que son los trabajadores.
Todo esto, para subrayar el enorme desarrollo del sistema capitalista, sobre todo bajo su modalidad neoliberal y transnacional, y la dificultad, y por consecuencia, la timorata intervención de los Estados para implementar reglas que permitan, aunque sea parcialmente, resolver algunos de los problemas y efectos perversos acumulados en nuestras sociedades, tales como desigualdades sociales cada vez mayores, la fuerte limitación de derechos humanos en la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, las migraciones, etcétera. Cuando yo vivía en la RDA, un país perteneciente al llamado “Socialismo real”, los ciudadanos de aquel Estado veían con admiración en la televisión de Alemania Occidental la maravillosa (pero engañosa) variedad de productos y empaques fabricados en el capitalismo que, comparados con los productos del socialismo burocrático, que era un sistema reacio a valorar las iniciativas individuales y no estimulaba realmente el desarrollo de los medianos y pequeños capitales, ejercían un atractivo y una impresión de libertad que fueron una de las poderosas razones por las cuales el Muro de Berlín fue abatido en 1989.
Esta breve digresión tiene como objetivo retomar, en el artículo próximo, el tema de los abusos y estafas que buen número de empresas cometen amparadas en legislaciones que respaldan sus libertades, pero que desprotegen los derechos de los ciudadanos.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.