Sillas musicales

Las nuevas elecciones ya están a la vuelta de la esquina, y nos agarrarán revolcados después de grandes oleadas de prueba y transformación, porque fuimos masa espectadora por más de una década del experimento de la impunidad contra impunidad, que conllevó adelantos, retrocesos y malquerencias por las buenas y malas intenciones desplegadas, alegría por las explosiones emotivas como la memorable Plaza del 2015, y tristeza por las heridas ocasionadas a inocentes que siguen pagando culpas injustas debido a los duelos políticos, intereses y circunstancias. Y apenas estamos superando la tenebrosa temporada de muerte e incertidumbre de la pandemia que nos azotó y de la que ya no queremos ni acordarnos. Todo se mantiene en ebullición, y en unos cuantos meses, vamos a participar del juego de las sillas musicales, poniendo a un montón de partidos políticos, organizaciones, sociedades anónimas o empresas individuales amparadas con firmas y logotipos a lo bingo o lotería al juego bailador. Toca la melodía y todos giran, y cuando suena la campana tratan de encontrar un lugar en donde sentarse o quedan fuera.

La política no debería de ser como en el mercado, donde cualquiera puede vender sus productos. Panaderías puede haber tantas como haga falta, y quien hace el pan más rico, lo distribuye bien y le pone el mejor precio, venderá más. El ejercicio de la política demanda creencias. Los partidos deberían de organizarse para reflexionar, proponer planes de acuerdo a una visión, ofrecer soluciones. Es lógico que exista un partido conservador, moderado, que trate de preservar las costumbres sociales, las creencias de las generaciones anteriores, el respeto a los adultos, y también es imaginable un partido transformador, innovador, que pretenda reformar la estructura de la sociedad. Hay extremismos, radicalismos, religión y ciencia involucrados. Las distintas corrientes de pensamiento se discutirían democráticamente y plantearían para que la población elija lo que pueda ayudar a vivir colectivamente mejor. El funcionamiento y operación burocrático debería de caminar por sí solo. Pero aquí lo que hacen las compañías limitadas es repartir los empleos y elegir a los proveedores del Estado, que en todo caso son los mismos. 

La población queda fuera de la discusión, y a estas alturas no sabemos quiénes van a ser los candidatos, ni qué propuestas ideológicas los guían. Las reglas para poner control a los desmanes ha aumentado la inoperancia de los partidos, y la democracia se debilita, será por eso que los dictadores atraen tanto a la masa, porque se espera resultados y menos palabrería. El domingo de las próximas elecciones, acudiremos en toda Guatemala como buenos ciudadanos democráticos a cumplir en las urnas, y esa noche escucharemos en las noticias el nombre del relevo, nada más, y será una persona la designada, y no una idea.


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Author: Maria Suarez