No solo en su tiempo, sino hasta la fecha, el navegante Cristóbal Colón despierta muchas pasiones. Desde su lugar de origen hasta cómo calificar sus viajes a lo que luego se llamó América. En su caso, como en todos, hace falta historia, no histeria. Es lo que trato de hacer en este artículo.
Mientras que no haya ninguna prueba fehaciente en contrario, debemos tener a Génova como su lugar de nacimiento. Cristóbal Colón fue un navegante no muy versado en matemáticas y geografía, como lo prueba el error garrafal de creer que había llegado a Asia, cuando, en realidad, se encontraba muy lejos de allí, en el Caribe. Murió aferrado a su error.
Con bastante precisión, geógrafos griegos y árabes calcularon cuál debía ser la circunferencia de la tierra. Basado en ello, fueron muchos los especialistas que consideraron que la circunferencia terráquea era bastante mayor de lo que aseguraba Colón. Así, por la distancia tan grande que habría entre España y China e India, era difícil realizar el trayecto en las naves de la época. El error de Colón fue que las estimaciones de griegos y árabes las calculó en millas italianas, lo cual redujo en un 25 por ciento la circunferencia de la tierra.
En la historia de la humanidad ha habido grandes mujeres visionarias y audaces, este fue el caso de Isabel la Católica, quien, no obstante la discrepancia entre Colón y los geógrafos, se arriesgó a apoyar el viaje, destinado a abrir una ruta marítima directa a Asia. La que en ese entonces existía era la llamada la Ruta de la Seda, que era peligrosa y cara. Abrir un mejor espacio de comercio abarataría los productos asiáticos, en beneficio de la Corona y los consumidores. Parece falso que, para financiar el viaje, la Reina hubiera empeñado sus joyas.
Cristóbal Colón llegó a lo que luego se llamaría América (a todos los continentes se les ha asignado el nombre en género femenino) el 12 de octubre de 1492, en la nao Santa María, y dos carabelas, La Niña y La Pinta. En total realizó cuatro viajes. Colón fue un pésimo administrador. Maltrató a los caribeños con los que tuvo contacto. Por su incontrolable sed de oro, capturó a más de un centenar de indios para llevarlos a España para ser vendidos como esclavos, lo cual enfureció a los Reyes Católicos, quienes ordenaron la inmediata liberación de aquellos. Luego, por su comportamiento inhumano, fue capturado y devuelto a España engrilletado, en donde perdió títulos y prebendas pactadas con la Corona. Aún realizó otros dos viajes de exploración. Finalmente, pasó a residir en España; murió en Valladolid en 1506, catorce años después de su llegada a América y trece años antes de la conquista continental, que en nuestro caso fue iniciada por Hernán Cortés en las playas mexicanas en 1519.
Pero Colón también pasa a la historia como la persona que permitió el encuentro no de Dos Mundos (como España lo propuso en las celebraciones del Cincuentenario del evento), sino de las etnias y culturas de cuatro continentes: Asia, África, Europa y América. Con su hazaña (no puede tener otro calificativo) permitió que luego Magallanes y Elcano comprobaran físicamente la redondez de la tierra, que se hiciera el primer mapamundi y que se iniciara la globalización, que ahora llega a su cénit. Esto es un hito muy grande en la historia de la humanidad, que luego fue emulado con la llegada del hombre a la Luna y, en el futuro, con la visita a Marte. Gracias a la globalización iniciada por Colón, hoy vemos televisión en una pantalla plana, fabricada en Corea del Sur, con tecnología de Silicon Valley, quizá con componentes chinos, transportado en una línea naviera danesa, mientras los ejecutivos de la transacción degustan una taza de café, cuyo grano fue producido por una cooperativa guatemalteca. Hasta aquí las dos caras de Colón: la del déspota inhumano y la de quien internacionalizó el mundo y sus culturas, que a lo largo de cinco siglos han tenido un fuerte mestizaje, con sinergias increíbles.
Antes de terminar, hago un reconocimiento al profundo y admirado sentido humano de la gran Isabel la Católica, quien murió en 1504, muchos antes de la conquista continental, quien se preocupó de dar un buen trato a los indios. Concretamente, Isabel ordenó: “Tratar a los dichos indios muy bien y cariño, y abstenerse de hacerles ningún daño”, disponiendo que ambos pueblos “debían conversar e intimar y servir los unos a los otros”. En su testamento escribió: “No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados”. Mejor, imposible.
Como apunte marginal, señalo que la reina Isabel I de Inglaterra, cerca de medio siglo después de la Católica, condecoró a Francis Drake, afamado pirata (corsario para ser políticamente correcto), saqueador de ciudades y traficante de esclavos, quien también fue nombrado Caballero de Su Majestad. Dos Isabeles diametralmente diferentes. ¿Qué opinión te merece? Conocer la historia a fondo es liberación de prejuicios; responder a los impulsos del hígado, histeria.
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