¡Basta ya! Suficientes actos de falsedad ha presenciado el pueblo y múltiples desengaños ha sufrido cuando se da cuenta y experimenta que vive entre el despojo y la burla. Cada cuatro años se embelesa con las múltiples promesas de un mejor trato como ciudadano, como guatemalteco con derechos y que, al durante el siguiente periodo gubernamental, se da cuenta que fue utilizado, vilmente usado como un borrego que aprende a rebuznar cuando un farsante besando niños, abrazando mujeres, regalando bolsas de miseria, critica a su antecesor y socio jurando que, bajo su mandato, la vida de miseria e injusticia les cambiará.
La realidad del guatemalteco, de cualquier nivel social o económico, ha sido vilmente reducida en sus derechos y libertades primordiales bajo el dominio de los factores que le tejen y organizan los siervos de la corrupción, el saqueo descarado y el servilismo: ¡Aguántate! “para vivir aquí, debes de sufrir”. En el tráfico demencial !aguántate¡ Sin transporte vital ¡aguántate! Cuando te asalten en plena vía ¡aguántate! Si se caen las escuelas, si nadie se preocupa por mejorar el sistema, si al parásito Joviel le damos la plata a granel, ¡aguántate! Y si ya no llegamos a ponerte la tercera vacuna ¡aguántate! Si el centro de salud está vacío y en el hospital no te reciben ¡aguántate! ¡muérete! ¡
¿ Anatema, maldición, karma, premonición o destino? Nada de eso. Absolutamente nada de eso pueden con lo que hipnotizan al ciudadano mayoritario. Es el hambre, la precariedad, el abandono y la falta de formación educativa la magia que envuelve a la mayoría. A los encantadores de venales, ambiciosos, arribistas e inmorales los seducen los pactos y compromisos por millonarias ofrendas anticipadas. Lloverán millonarios contratos de infraestructura que no se ejecutan y el desarrollo del país no está en su agenda. Una especie de ruleta entre farsantes es que los partidos políticos expertos en componendas con candidatos inmorales.
Ya vemos como hoy, ante 17 millones de habitantes pasivos y domesticados por un sistema de corrupción escalonado, callamos y aguantamos vejaciones absolutistas a la democracia. Es suprimido autocráticamente, por un pacto de redes saqueadoras que ofrece elecciones libres. Los presuntos candidatos nada comentan, nada cuestionan, nada reclaman.
Para las próximas elecciones, la puesta en escena de sus farsas está filmándose. Lista para salir besuqueando niños, abrazándose con indígenas, escuchando ancianos, arengando en plazas llenas de acarreados. Es momento de exigirles al Señor de los Canales y a los geniales asesores que cambien de farsa porque aquí, no importa quien gobierne: los niños, las mujeres y los ancianos son los más vejados y olvidados por los grupos de envilecidos que gobiernan consecutivamente.
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