El bolsillo roto de Pedro

Son tantas las muestras de despilfarro del gobierno de Pedro Sánchez y sus 22 ministerios que no cabrían en esta columna si hubiera que responderle cuando dice que han reaparecido «los brujos» («chamanes» dijo su ministra de Hacienda) que creemos que «el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos». A mi no me cabe la menor duda: donde mejor están las ganancias de alguien que ha sudado para conseguirlas es en su bolsillo. Al igual que el derecho a voto que, afortunadamente, todavía nadie se atreve a expropiar. La última semana ha sido una debacle estratégica para Sánchez con el tema tributario. Él tenía una carta bajo la manga: en julio, el CIS detectó que la tolerancia entre los españoles a una subida de impuestos era la mayor en años. Esta carta le permitía acudir a las confrontaciones electorales del 2023 con la convicción de que el PP y sus rebajas tributarias empeñarían sus fuerzas contra un señuelo porque los españoles no se sentirían realmente afectados por una elevada presión fiscal, como si ocurría en 2012 o 2013 tras el ‘hachazo’ de Rajoy y Montoro . Esta noción de que la oposición embestiría contra molinos, mientras él se podía concentrar en sacar partido a otros mensajes, saltó por los aires con el anuncio de Moreno Bonilla de que bonificaría el Impuesto de Patrimonio en Andalucía, imitando a Madrid, pero, sobre todo, con la rebaja del IRPF autonómico anunciada por el socialista Ximo Puig . En respuesta a las pulsiones electorales y en un intento por frenar la competencia fiscal entre comunidades, el gobierno ha combinado dos movimientos: una rebaja fiscal para las rentas más bajas hasta 21.000 euros que supone un impacto de 2.505 millones de euros. Y un nuevo impuesto patrimonial ‘reloaded’ para neutralizar la bonificación de las autonomías del PP que supondrá un aumento de la presión fiscal de 5.649 millones. Esto tiene como resultado que la ‘rebaja’ de impuestos de Sánchez supone un aumento neto de recaudación de 3.144 millones. A la opinión pública no se le escapa que la bajada fiscal a las rentas más bajas es fruto de la presión del PP, mientras que la subida a las más altas es exigencia de Podemos . El problema no es sólo que nadie haya calculado los efectos que esto tendrá sobre el ahorro, sobre la deslocalización de capitales o el sesgo que se establecerá para evitar que los patrimonios pasen de 3 millones (similar al que se produce cuando las pymes pasan de 50 empleados); el problema es que el Gobierno se olvidó de la clase media y eso en un coyuntura electoral puede ser letal. Noticia Relacionada reportaje No El impuesto que demuestra que los tributos se crean para quedarse John Müller Patrimonio nació en 1977 para ser «excepcional y transitorio». Ahí sigue dando guerra El argumentario de Sánchez sobre dónde está mejor el dinero contiene un automatismo que desprecia el derecho de propiedad de las rentas. Es muy importante que el dinero ganado por los ciudadanos esté en su bolsillo, porque esa es la única forma de impedir que políticos como él sigan incrementando el gasto público sin límite. Y es la única manera de forzarlos a que gasten el dinero de todos de manera eficiente y responsable.

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Author: Pablo Perez