Reconociendo lo que significó para el presidente Giammattei la pandemia del COVID-19, evento abrumador antes de cumplir dos meses en el Gobierno, podemos empezar a hacer un balance de luces y sombras a un año cuando ya sabremos los resultados de las elecciones generales.
Al principio de la pandemia el presidente Giammattei asumió un papel de liderazgo que se fue desvaneciendo conforme su equipo de gobierno, especialmente en el área de salud, demostraba una incapacidad e inexperiencia supinas, mostrando los primeros síntomas de improvisación y contradicciones. Pero la decena de programas sociales que puso a funcionar sobre la marcha (Bono Familia y similares) fueron un alivio que ha sido reconocido internacionalmente, como lo expresa el Fondo Monetario Internacional y otras entidades multilaterales.
A pesar del cierre abrupto de actividades económicas, la caída del PIB del 2020 fue la más baja del continente (apenas 1.8 por ciento) y durante el año siguiente hubo una recuperación del 8 por ciento, de rebote, es cierto, como en otros países de la región, pero significativa. Ayudó la resiliencia del guatemalteco, los agentes económicos locales, las remesas y la recuperación de la economía global, especialmente de los Estados Unidos de América (EUA). En general, en materia macroeconómica, hay más luces que sombras.
Lamentablemente su relación con la prensa ha sido muy desgastante, quizás haciendo suyo aquel refrán de que se le paga o se le pega. A pesar de todos los esfuerzos directos e indirectos, formales e informales (incluyendo netcenters), las encuestas dan una aceptación del gobierno de apenas un 20 por ciento. La relación con los EUA ha sido ambivalente, confrontada cuando nombró a la actual Fiscal General, o complaciente con el bloqueo de migrantes o la remisión inmediata de extraditables. Aunque se pueda argumentar que los organismos del Estado y demás entidades de control y fiscalización son independientes y no responden a una misma línea presidencial, los hechos evidencian lo contrario.
Incluyendo sombras que no le ayudan, como pretender nombrar contra viento y marea como Jefe de la Contraloría de Cuentas, aparentemente, a un exdirectivo financiero del partido de gobierno y muy allegado al actual régimen. Lo que escribe con el puño y buena letra, lo borra con el codo sin ni siquiera cuidar las apariencias, aunque se arropen en formalismos legales. En lo social, están los videos de las promesas de campaña y en contraste vemos la triste realidad.
Aprovecho para valorar al Tribunal Supremo Electoral por la decisión de repetir el proceso de adquisición de equipamiento para las elecciones, que se entiende hay necesidad de renovarlo. En las últimas elecciones hubo muchas dudas e incluso encausamiento penal de los jefes de procesamiento electrónico de datos; no obstante, no solo hay que ser correcto sino también aparentarlo.
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