Estragos

Ciertas señales para tomar decisiones ante este derrumbe constante. Porque todos somos actores con fuerte capacidad de retomar el rumbo (¿lo sabemos?). No podemos cambiar las tormentas, pero sí prevenir sus estragos. No más permanecer estancados, de brazos cruzados, viendo cómo se construyen escenarios ajenos a nuestros intereses colectivos; nosotros debemos construir los propios. No quedarnos sentados como aquellos camarones que se los lleva el río. Análisis sobre la coyuntura van y vienen en esta época preelectoral, quizá un breve resumen de algunos puntos: 

Primero, la instrumentalización de las instituciones públicas y, en particular, las del sistema de justicia por aquellos intereses oscuros resulta evidente. Han sido manipuladas y ya no hay confianza en casi ninguna. Lo que se llama, sencillamente, cooptación del Estado.

Segundo, lamentable es cómo recientemente, y con hartas razones, se ha instalado en el imaginario el sentimiento de un posible fraude electoral. Angustias se enraízan. Y semejante posibilidad se sienta en el trono.

Tercero, permanecen prácticas clientelares en cuántos territorios. Muchos vehículos electorales manipuladores y sin ideología. Se teme violencia política. 

Cuarto, el ingrediente de la precariedad o ausencia de políticas públicas en áreas esenciales como educación, salud, empleo, entre otros. Esto alimenta la pobreza, la marginación, la exclusión, y engorda día a día la migración. 

Quinto, las redes político-clientelares vinculadas con narcotráfico o crimen organizado son evidentes. Por si fuera poco, una parte del sector empresarial está respaldando la regresión democrática y abiertamente tolera la cooptación institucional. La impunidad.

Sexto, muchos actores políticos son trogloditas haciendo prevalecer un sentimiento de venganza, revanchismo e impunidad. Además, vivimos la asfixia de periodistas y medios de comunicación críticos e incómodos para el nefasto régimen. 

Séptimo, para sumar más a la fórmula, la sociedad se percibe desarticulada, despolitizada y con baja representación. No nos engañemos, hay débil fuerza en movimientos de base y más escasa aún, la articulación política. Hoy, somos víctimas de una cultura autoritaria y clientelar donde el silencio es, para muchos, lo poco que garantiza su sobrevivencia. 

Octavo, el descontento es generalizado y la desaprobación al gobierno es incuestionable: cuánta corrupción, impunidad, robo descarado, burla.

Noveno, muchos partidos políticos capitalizan muy débilmente la indignación. Tristemente poca confianza hay en aquello que huela a política (síntoma: los jóvenes no se quieren ni empadronar).

Décimo, sufrido es el deterioro de la situación económica, de la precariedad laboral, del incremento de precios que empobrecen cada día más…

¿Qué nos queda?, ¿prevenir más estragos?, ¿fraguar un nuevo escenario?, ¿uno nuestro? ¿Es ahora?


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Author: Maria Suarez