La nueva constelación en América Latina

Dos puntos porcentuales separan a Lula de la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. Al ganar se sumaría a la constelación de gobiernos democráticos constituidos por Boric en Chile, Castro en Honduras, Petro en Colombia y López Obrador en México. Esta nueva constelación latinoamericana podría hacer aportes importantes al desarrollo y a la paz de América Latina y del mundo, pero también enfrenta grandes desafíos. 

Sociedades fragmentadas y a veces polarizadas en presencia de una economía internacional que se deteriora día a día requiere que esta constelación de gobiernos latinoamericanos facilite una transición gradual hacia nuevos contratos sociales. Cabría esperar de estos gobiernos la conformación de Estados austeros capaces de reducir de manera sostenida la desigualdad y de promover el bienestar o bienvivir general en democracia. Sus democracias aseguran el ejercicio del poder por la mayoría pero sujeto a los límites republicanos asociados al Estado de derecho y a la división de poderes. 

La nueva constelación se alejará de la utopía neoliberal basada en el libre mercado, pero tampoco acudirá a la expansión insostenible del gasto público como se hizo a principios de siglo. No podrán ser descalificados como fiscalmente irresponsables. Estamos entrando a una nueva etapa con paradigmas pasados descartados, altos grados de experimentación, el reconocimiento de errores y su corrección. Habrá valiosas experiencias que hay que seguir de cerca. Y es evidente la necesidad de un impulso pragmático y vigoroso de la integración económica —sin criterios políticos— en América Latina, para que el mercado regional modere los efectos de la contracción económica en otras latitudes. 

El contexto político del mundo, como la economía internacional, tampoco es favorable. La guerra en Ucrania involucra riesgos del uso de armas nucleares, y aumentan las tensiones surgidas de una transición desordenada hacia un mundo multipolar. Migraciones desbordadas y narcotráfico imparable se unen a este panorama incierto.

La nueva constelación de gobiernos tiene la fuerza política para favorecer transiciones a la democracia negociadas en países de la región con gobiernos híbridos o abiertamente autoritarios. También podría rescatar el histórico apoyo de América Latina a la diplomacia multilateral. Ojalá refuerce el papel de las Naciones Unidas para que contribuya a detener el conflicto en Ucrania. La ONU ya evitó algunas de sus peores consecuencias: facilitó un acuerdo para que el trigo y otros bienes producidos por Ucrania y Rusia pudieran exportarse, pero debe hacer más. Avanzar con normas multilaterales para reestructurar la deuda, combatir el narcotráfico y regular las migraciones también podría ser parte de este nuevo panorama. Una alianza regional encabezada por Brasil, Chile, Colombia y México podría generar esperanza en un momento crítico para la humanidad.


En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez