Faltaba una hora para el alba cuando cargué la alforja de Talibán y Kamikaze rumbo a cumplir una promesa . Donde las tres provincias de Extremadura, La Mancha y Andalucía se besan, partí para hacer escala a los pies de mi patrona, la Morenita de Guadalupe . Continué por los albores hasta Navalmoral. Luego por las estribaciones de La Vera rumbo a Plasencia. Arribé a la villa romana de Cáparra con dirección a Béjar. Avancé a diario lo mismo que una legión romana en tiempo de paz: cuarenta kilómetros . Tras Extremadura me recibe Castilla la Vieja, siempre amplia, regia y, con este calor, inhóspita. Saludé su plaza mayor. Luego llegó la tierra donde Sancho II encontró la muerte en el cerco de Zamora . Seguí a golpe de mosquero hasta Tábara, Mombuey, Sanabria y Galicia al fin. MÁS INFORMACIÓN noticia No Reflexiones a caballo por un monte humeante noticia No El reclamo del corzo: otra forma de caza noticia No El lobo ibérico, emblema de la fauna peninsular Pasados veintitrés días de travesía me presento ante el Apóstol de España, con más de ochocientos kilómetros sobre el lomo de mis caballos . Me quedo con un encuentro en el que unas personas nos vieron atravesando la entraña de una ciudad, a caballo, bandera en mano rumbo al norte: «¿Qué estáis reivindicando?» No pude menos que reír. Pero contesté con firmeza: «He aquí mi reivindicación: Que creo en Dios y que soy español».