“La sal de la tierra”

Hace algunos días recibí una agradable llamada de mi amiga. En nuestra conversación ella citó el documental “La sal de la tierra”. Fue a partir de nuestra interlocución que decidí volver a sumergirme en esa obra maestra que son las imágenes del fotógrafo social Sebastiao Salgado.

Este documental (2014) estuvo dirigido por el alemán Wim Wenders y por el hijo de Sebastiáo Salgado, Juliano Riveiro Salgado.

Dice al inicio Wim Wenders: “¿Una película sobre la vida de un fotógrafo? Tal vez es bueno recordar primero de dónde viene la palabra. En griego, “phos” significa “luz”. Y “grafo” es escritura, pintura. Un fotógrafo es literalmente alguien que pinta con luz. Un hombre escribiendo y reescribiendo el mundo con luz y sombras”.

Las imágenes de Salgado sacuden y conmueven. Durante varias décadas empleó su tiempo en documentar algunos de los pasajes más oscuros de nuestra historia como una forma de denuncia.

Toda la trayectoria documental de este fotógrafo que se sumergió en el alma de la especie humana no hubiera sido posible sin la fuerza de su esposa Leila. Desde su primer gran reportaje, Otras Américas (1977-1984), Sahel (1984-986), Trabajadores (1986-1991), Yugoslavia (1993-1994) o Éxodo (1993-1999), nos ofrece una radiografía desde las migraciones masivas de las últimas décadas hasta los genocidios.
Toda esta documentación visual constituye de cierta forma una especie de narrativa artística de brutal denuncia sobre la crueldad de la que es capaz la especie humana y la esperanza, siempre destellos de humanidad. Acaso un legado y trabajo imprescindible para comprender nuestra historia moderna.

Comentando su trabajo documental en una mina de oro a cielo abierto en Brasil dice Salgado:
“Ahí, en tan solo un segundo, se me reveló la historia de la humanidad. La construcción de las pirámides. La torre de Babel. Las minas del rey Salomón. Ni el sonido de una sola máquina se podía escuchar. Lo único que se escuchaba era el murmullo de 50 mil personas en un enorme agujero. Conversaciones, ruidos, movimientos humanos mezclados con los sonidos del trabajo manual. Regresé a los umbrales de la civilización”.

Cuenta Salgado que al volver de documentar el genocidio de Ruanda, su alma estaba enferma. Fue entonces que Leila, su esposa, le acompañó a volver a creer en la vida. El territorio donde había crecido Salgado en Brasil estaba devastado y deforestado a causa de la erosión, sequía y ganado. Leila dijo:
“¿Por qué no reforestamos la selva que había antes?”

Aquel desierto sin vida, lo reforestaron con más de dos millones de árboles que hicieron resurgir miles de fuentes de agua. La sugerencia de Leila fue un impulso hacia la vida, quizá para levantar el espíritu y la esperanza de la familia. El sueño de plantar un bosque dio origen al Instituto Terra para reforestar, educar e investigar. Para hacer reverdecer la tierra.

Mientras crecían los árboles que había plantado, Salgado emprendió el proyecto fotográfico Génesis, un tributo y homenaje al planeta.

Después de darle la vuelta al mundo y de sumergirse en la complejidad, la belleza y la oscuridad del alma de la especie humana, Salgado comprendió que no podemos curar todo el dolor del mundo, pero sí hacer reverdecer el pedacito que nos toca.

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Author: Maria Suarez