No es ningún secreto que la industria automotriz a nivel mundial está incómoda con los millennials y centennials. Ya no soñamos con trabajar para comprarnos nuestro carro porque nuestro concepto de éxito es distinto. Este ya no se define solo por aspectos y mediciones en términos materiales sino por calidad de vida, salud, conocimiento, libertad y experiencias. Nos motiva tomar decisiones y nos aviva lo desconocido. No voy a mentir, aún recuerdo lo emocionado que estaba cuando obtuve mi primera licencia de conducir pues esta me daba una sensación de madurez, control, independencia y aparente libertad.
El mundo cambió, nosotros también y hoy estoy más convencido que nunca que otros medios de transporte como la bici no solo potencializan estas emociones, sino que contribuyen a una mejor calidad de vida en ciudades que se vuelven más limpias y más seguras.
Culturalmente en el pasado, el carro era percibido como un símbolo de estatus, orgullo y éxito. Sin embargo, a mi criterio, el carro muchas veces nos limita y nos ata. La sensación de libertad y control se ha perdido debido al excesivo tráfico, las malas condiciones de nuestras carreteras, la inseguridad, los altos costos del combustible y la falta de parqueos, entre otros. Manejar un carro cada vez se vuelve menos cool y es una tarea agotadora que nos encierra para ir únicamente de punto A al punto B.
Estoy consciente de que los carros son necesarios y que los seguiremos requiriendo, pero cuestiono la frecuencia con la que deberíamos de usarlos. No es desde el encierro de nuestro carro, en donde vamos encapsulados con vidrios polarizados y aire acondicionado a 15 kilómetros por hora, que lograremos disminuir el tráfico o hacer una ciudad más segura. Las ciudades que funcionan no resuelven el tráfico construyendo pasos a desnivel.
Una forma de hacer nuestra ciudad más segura es teniendo más ojos en la calle y esto lo logramos si cada uno decidimos romper con el miedo a caminar y a probar otros medios de transporte.
Imaginémonos los guatemaltecos yendo al trabajo en bici, con puentes ciclo-peatonales que conecten los barrancos transformados en parques. Construyamos las condiciones para que los niños tengan ciclovías seguras e interconectadas para ir a estudiar. Esto no solo resolverá los problemas de seguridad y del tráfico, sino también nos permitirá ahorrar, disminuir el tiempo de transporte, disminuir la contaminación y mejorar nuestra salud mental y física. ¡Es un mejor negocio para la mayoría!
Por lo tanto, para los que por ahora crean que solo podemos imaginarlo, está en nosotros comenzar este cambio y transición hacia una mejor forma de transporte. Fomentar una ciudad más amigable para el peatón y ciclista es urgente y no solo por el impacto en nuestra salud, sino también porque las zonas con más y mejor movilidad tienen más actividad económica, las propiedades incrementan su valor, el turismo crece, la seguridad incrementa y la calidad de vida se mejora.
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