No se deje engañar por el escenario de la derrota

La crisis del modelo de dominación y la crisis de legitimidad, no ya con las autoridades solamente sino con una forma de entender la política, es, desde hace un buen rato, insoslayable. En ese marco y en un contexto electoral que se avecina en Guatemala no se trata de caer únicamente en la ilusión de la salida por la vía del Estado, sino de resignificar la categoría de lucha, de conflicto, o sea de no identidad con lo existente. 

La no identidad con lo existente puede encontrar expresiones en prácticas y discursos que se enfrentan a la realidad existente, son aquellas donde subyace la potencialidad de cambio que las personas que lo encarnan tienen para transformar la realidad existente. En el discurso de la derrota que prima en los espacios de toma de decisiones políticas, en medios, en la calle y hasta en las mesas familiares, es difícil encontrar donde están escondidos estos atisbos de algo radicalmente diferente. 

Pero si nos atrevemos a mirar más allá de las mentiras que nos cuentan y de las palabras de quienes repiten a coro las versiones del statu quo, encontraremos que hay voces disidentes, voces que responden a un sujeto plural, diverso. Ahí está el estudiantado universitario, las mujeres feministas y de otras organizaciones sociales, colectivos académicos, personas defensoras ligadas a las luchas en defensa y contra el despojo del territorio, periodistas, comunicadoras, así como colectivos de artistas, entre otros, que no han cesado de colocar elementos para el debate y propuestas de un país distinto en el que se quiere vivir.

Por lo tanto, es un sujeto colectivo heterogéneo, la gente a la que han querido despojar de su historia, la de la calle, la que no se ha considerado como sujeta para construir los relatos de la historia. Es ahí donde están los atisbos de lo nuevo, aunque se les quiera aniquilar. Y aquí me voy a permitir citar a Raúl Zibechi, quien para definir la infrapolítica explica que “los dominados resisten la dominación creando espacios sociales lejos del control de los poderosos, en los que practican un discurso oculto que emerge en la superficie cuando se producen grandes rebeliones”. Esto demuestra que “los sectores dominados son solo parcialmente dominados” o, dicho de otra manera, “en la dominación coexisten la subordinación con la rebelión”, por ello hay una rebelión permanente que no vemos, pero que está en los subterfugios y es donde las personas “dominadas” resisten y recrean su propia cultura. 

Por eso hoy cuando vemos que los mandamases se regodean en sus relatos sin asidero, hay que aprender a mirar más allá del escenario construido, permitir que eso otro que está ahí, quizás en la oscuridad y en los subterfugios, emerja, que se renueve la esperanza, que se aferre a la memoria. 


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Author: Maria Suarez