A una pregunta sobre el papel de la UFCo en Guatemala, Galich señaló que el país tiene dos economías principales: la del café, que hasta 1941 estaba en manos de los alemanes, y la del banano, de la United Fruit, cuyo dueño es Sam Zemurray y sus socios de Boston. Es también conocida como La Frutera o El Pulpo, porque controla la energía eléctrica, la telefonía, los puertos. Sobre el campesino indígena respondió que es injusto que cada varón trabaje gratis dos semanas al año para reparar caminos y va a las grandes fincas por temporadas como un siervo. La UFCo es un estado dentro del Estado, un emporio que abarca países caribeños donde posee medio millón de acres de tierra donde laboran ochenta mil hombres. Guatemala emplea casi veinte mil y posee doscientas treinta mil hectáreas, es decir, trescientas veintiocho mil manzanas. Agregó que los generales tienen encima a los estadounidenses pues acá hay tres bases militares norteamericanas listas para rechazar cualquier incursión japonesa que pretenda atacar el canal de Panamá. El filósofo festejó que el Gobierno militar argentino al fin rompió sus relaciones con Berlín porque vienen tiempos de cambio. Mostró la revista Fortune del mes que aconseja a las grandes corporaciones a que acepten a los sindicatos y paguen mejores salarios porque así la democracia tendrá un mejor sentido de vida, más libertad, más respeto a la ley y a los mercados. Arévalo agregó que no creía en los regímenes totalitarios fascista y comunista.
Entretanto, Árbenz visitó en Totonicapán al mayor Peralta Azurdia que era jefe del cuartel, pues los cadetes lo estimaban como probo desde que fue subdirector de la Escuela Politécnica años atrás. Por diversos motivos no aceptó su propuesta, pero le recomendó conversar con el mayor Aldana Sandoval, a cargo de la sección motorizada de la Guardia de Honor en la capital, pues por el rencor grande que le tenía con su padre porque no lo había reconocido sino hasta hace poco un general cercano a Ubico, y a quien obligó a reconocerlo. De entrada y sin recibir un dólar, Aldana Sandoval aceptó con gusto la propuesta de dar una asonada militar. Él mismo la planificaría y usaría los tanques contra los cuarteles capitalinos como una sorpresa porque nunca se han usado tras la donación de Estados Unidos hacía poco más de un año. Pero el mayor Paco Arana a cargo de los tanques se negó a participar porque podrían ser fusilados si se descubría su plan como pasó en 1940 en el Cuartel de Matamoros. Jacobo entretanto conversó con los Toriello y aceptaron coordinarse con Aldana Sandoval, pero cundió el temor cuando fue asesinado el director de El Imparcial, porque era crítico de Ponce Vaides. Arévalo entretanto continuó su campaña electoral con el apoyo de los maestros y universitarios por el interior del país, aunque en los pueblos había temor de expresarse. Todo indicaba que Ponce jugaría sucio y haría fraude en las elecciones. La asonada militar se adelantó al 19 de octubre y Arévalo fue llevado a resguardarse en la legación mexicana porque hubo una fuga de información y muchos salieron al exilio. Entretanto el jefe de la Guardia de Honor dio fuetazos en la cara a algunos oficiales por la lentitud en repartir todo el equipo militar de su cuartel a otros de la capital. Eso enervó a la oficialidad al punto que Paco Arana aceptó participar en el golpe castrense, previsto para iniciarse hoy a las nueve de la noche. Aldana lo puso al corriente de sus planes y contactos. Pero, al rato, Aldana Sandoval supo que la policía secreta venía a atraparlo y se comunicó de inmediato con Árbenz y le dejó a Paco Arana que coordinaría la asonada. Sandoval así salió a su pueblo natal Barberena dejando a Paco a cargo. A las veintiuna horas no se amilaron los oficiales jóvenes e hinchando sus huevos fueron a capturar al jefe del cuartel y, al resistirse, le dieron muerte y pusieron presos a todos sus leales. Árbenz llegó a medianoche con una veintena de civiles y liberó a los que iban a ser fusilados por la mañana y dispuso la artillería en el Campo de Marte a cargo del teniente Salomón Pinto. A las dos de la mañana comenzaron a disparar sobre los cuarteles y salieron los doce tanques a echar punta, mientras Ponce y sus generales libaban licor.
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