Si William Shakespeare, Christopher Marlowe o el Conde de Oxford, Edward de Vere, vivieran hoy en día, uno de ellos o los tres al mismo tiempo inflarían el pecho para escribir lo que fuera la obra cumbre de la literatura inglesa del siglo XXI, una tragedia que dejaría a Hamlet, Otelo, Julio César y Romeo y Julieta pálidos en comparación con la debacle que esta semana atravesó el partido conservador inglés reflejado en el gobierno de la ya ex primera ministra Liz Truss que duró en su cargo tan solo seis semanas. Pero toda gran historia, por tan trágica que sea tiene un origen y seguramente cualquiera o todos de los nombres mencionados escribiría lo que seguramente sería la primera gran tragedia del siglo XXI como obra literaria.
Si bien el tema de la membresía del Reino Unido en la Unión Europea (UE) era un tema discutido en los pasillos de poder en Londres desde mediados de los 2000, David Cameron cometió el gran pecado de confundir su baja aceptación como primer ministro con la aceptación del partido conservador. Este error se debió a que el partido independiente británico logró la mayoría de escaños como representantes en el parlamento europeo y Cameron decidió no solo ponerle fecha a un referéndum sobre la membresía del Reino Unido en la UE sino reducir una pregunta tan importante a un simple sí o no. Convencido que el NO iba a ganar, la carrera política de Cameron se desinfló un mes después de la victoria del SÍ en el referendo de junio del 2016. Aquí comienza esta tragedia.
A Cameron lo sucedió Theresa May, en ese entonces la segunda mujer en ocupar el puesto de primera ministra después de Margaret Thatcher. Al igual que Thatcher y posteriormente Liz Truss, May asumió el cargo en momentos difíciles. A pesar de no haber estado de acuerdo con el proceso de brexit, May asumió el reto de liderar al Reino Unido en dicho proceso haciendo un llamado para una elección general en abril de 2017 para lograr una mayoría que le permitiría liderar las negociaciones con Bruselas sobre el proceso de salida pero no logró los votos necesarios por lo que se vio forzada a negociar con partidos chicos y asegurar una minoría de apoyo en las negociaciones que provocaron dos solicitudes de votos de falta de confianza: primero liderado por los más férreos defensores del brexit dentro de su propio partido en diciembre de 2018 y un mes después por el trasnochado líder de la oposición laborista Jeremy Corbyn. Desde entonces May, con aciertos y errores sabía que tenía un trabajo cuesta arriba y sin el apoyo total de su propio partido.
Si el panorama nacional era adverso, las negociaciones con Bruselas sobre el brexit fueron aún peores. Nunca antes se había invocado el artículo 50 del Tratado de la UE por lo que no existían antecedentes sobre cómo proceder. Pero lo peor fue cómo las viejas rencillas históricas europeas salieron a luz. Por un lado los líderes de otros países miembros, en particular el insulso presidente francés Emmanuel Macron que habló mucho para no decir nada pero que es un especialista en quejarse y victimizarse, fue quien más promovió una salida con todos los castigos posibles para el UK. (Continuará)
@robertoantoniow
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