De acuerdo con los chicos de la Marro, los datos sobre la pobreza en Guatemala no son reales, pues la verdad es que vivimos felices con el modelo económico que funciona de maravilla. Y, de hecho, los tecnócratas del Banco Mundial (BM) son tramposos. No es cierto que seamos más pobres que Haití, sino que estamos un poquito mejor de Haití, como Nicaragua, pero más jodidos que Costa Rica, sin duda.
Según los cachorros de la catedral del neoliberalismo, lo que dice el Banco Mundial no resiste la evidencia de la felicidad chapina. En dos platos, dicen los economistas de la universidad neoliberal, el BM utiliza cifras tramposas que solo cubren el desarrollo impresionante de la economía del país. Es lo que denomino una muestra de ignorancia enciclopédica. Si algo se puede agregar es que discutir sobre los niveles exagerados de pobreza es necesario. Y la razón es sencilla: no se puede esconder lo que vemos siempre debajo de la alfombra. No se puede.
El BM dice que en Guate hay por cada 100 personas 59.3 por debajo de la línea de pobreza. O sea 6 de cada 10 están amolados y sin opción, salvo la de irse pa’l norte como ya lo hicieron 4 millones, que si no se hubieran ido, pues las cifras de pobres serían algo mayores. Es la verdad monda y lironda. Resulta, y esto deberían de saberlo los sabihondos de la Marro, que las remesas que envían los pobres migrantes a los más pobres de Guatemala, en cantidades mayores que las divisas que generan las exportaciones de café o caña o cardamomo, son la razón por la que el país no explote y termine de destruirse.
No me alegro de lo que dice el BM, me da vergüenza y cólera nacional. Y al ver las noticias consulté con varios amigos que son expertos en temas económicos y en asuntos de pobreza. El resultado era lo que me temía: los datos son reales. Quizás una décima más o una décima menos, pero en Guatemala hay un montón de pobres que se encuentran en franco crecimiento. La gran razón en el fondo de este tema, que los chicos de la Marro olvidan señalar, es que, de manera simultánea, el BID dice que somos el país más desigual, con una élite económica acaparadora, excluyente, que, igual que la pobreza, ocupa el primer lugar a nivel continental. O, dicho en otras palabras, la exclusión económica y el acaparamiento son el espejo de la pobreza. A más exclusión más pobreza. Es la divisa del Cacif. ¿Así o con peras y manzanas?
Pero los chicos de la Marro se quedan cortos, apenas en la orilla del tema, pues aparte de los datos del Banco Mundial, la Cepal (otro nido de chairos) da cifras parecidas. El BID dice más o menos lo mismo y cualquier instancia de carácter internacional, y que lo mismo señala cosas sobre Guatemala, Angola, China o Nicaragua, dice cosas parecidas sobre nuestro horrible país, como escribía el poeta.
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