Una educación no coercitiva orientada al futuro 

Hace ya 52 años, la antropóloga estadounidense Margaret Mead publicó el libro Cultura y compromiso, en el que analizó la brecha generacional que ya entonces se observaba y preocupaba a los adultos. La generación de los baby boomers comenzaba a poner su marca en la sociedad y las generaciones de los padres y abuelos de esa cohorte eran incapaces de entender lo que evidentemente sucedía. El fenómeno hippie, la oposición a la guerra de Vietnam, las rebeliones estudiantiles en Europa y América eran síntomas de un profundo cambio en la cultura. Prácticamente, de una verdadera revolución cultural.

Margaret Mead, que tenía una sensibilidad de antropólogo, capaz de observar y analizar culturas ajenas, propuso tres categorías de interacciones generacionales, basadas en la orientación cultural al pasado, al presente o al futuro, a las que llamó culturas postfigurativas, cofigurativas y prefigurativas respectivamente. En las primeras, los jóvenes aprenden de los viejos lo relevante para ese tipo de cultura y sociedad. En las culturas cofigurativas son los jóvenes quienes enseñan a otros jóvenes los saberes necesarios para vivir y florecer en el presente, pero en las prefigurativas, orientadas principalmente a la construcción del futuro, los viejos, los padres y los abuelos aprenden de los jóvenes.

Dieciocho años atrás, la Universidad Francisco Marroquín entregó el premio Robert Nozick al profesor Armando de la Torre, quien en esa ocasión expresó que creía que Guatemala podría convertirse en el futuro en la Atenas de América. La Marroquín era ya la semilla de esa transformación. Esa era la expresión de una orientación prefigurativa que echaba raíces en Guatemala. Hoy, esa misma universidad está comprometida con brindar una educación no coercitiva, orientada a construir el mejor futuro posible para todos los guatemaltecos y así llegar a ser un ejemplo para todo el planeta. 

La función de las universidades en todo el planeta está cambiando aceleradamente. No es solo como consecuencia de las nuevas tecnologías y los conocimientos científicos sobre los que estas se basan, sino que las circunstancias globales exigen nuevas actitudes y formas de actuar y pensar. Los jóvenes han percibido claramente que el mundo viejo está agotado. En esta nueva cultura prefigurativa no es solo necesario asumir la libertad y la incertidumbre que el futuro nos presenta, sino también es indispensable resaltar la responsabilidad que cada una de nuestras acciones nos impone, si queremos ser capaces de colaborar con otros en la construcción de ese futuro deseado. La libertad y la responsabilidad de los individuos son las dos caras de una misma cosa.

El ambiente que se percibe en la Marroquín es “eléctrico”: un ambiente de grandes proyectos en la construcción de mejores futuros generados por la imaginación, el talento y las acciones de jóvenes y viejos, todos comprometidos con la visión de lo que podemos lograr con una conducta libre y responsable. 

Mead escribió en 1970, “los veinteañeros de hoy proclaman que criarán a sus hijos dejándolos crecer para ser libres, justos y altos, orientados hacia un futuro que debe estar abierto y ser libre. Esto es en un sentido un homenaje a una infancia tal con la que podremos cambiar hacia una cultura prefigurativa, criando niños aún desconocidos para un mundo todavía desconocido”. El futuro evidentemente está plenamente abierto a nuestras acciones presentes.


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Author: Maria Suarez